El tumulto de estudiantes salió por el portón frontal justo a la hora de salida. Io esperó sin prestarles mucha atención. Cade y Alex aparecerían eventualmente; solo esperó que Nathan no estuviera con ellos... Mejor aún si podía ver sólo a Cade, aunque intentó no ilusionarse con ninguna de esas ideas.
Cuando lo distinguió a la distancia, su primer impulso fue correr a su encuentro, pero se detuvo en seco y lo pensó mejor. Venía con Nathan y con dos chicas; sin Alex. Tuvo la sensación de que conocía a una de las chicas... y luego entendió que no tenía que conocerla para adivinar que era la hermana de Alex. Rubia, baja, pecas... bonita. Muy bonita.
Mientras que la otra chica, alta, morena y muy curvilínea, orbitaba alrededor de Nathan sin que este le hiciera mucho caso, la rubia no parecía tener problemas para acaparar la atención de Cade. Caminaban juntos y se hablaban de muy cerca, como si se compartieran algún secreto... y luego reían.
A Io le resultó extraño observarlos. Era la primera vez que veía a Cade interactuar con una chica. No era igual que con sus amigos; le pareció que lucía más gentil, más suave... un poco del modo en que era con él.
De pronto dudó sobre qué decirle a Cade. Todo lo que había pensado ahora ya no lo convencía. No era tan complicado, en realidad; bastaba con decirle que Logan ya lo sabía todo y que no podían salir más. Él no quería tener más problemas con su hermano y, si Cade era listo, tampoco querría tenerlos. Era fácil. Entonces... ¿por qué tenía el presentimiento de que hacerlo sería tan terriblemente difícil?
El vientre le había estado doliendo desde que tomó la decisión. No se parecía a ningún dolor que hubiese sentido antes; se ubicaba demasiado alto para tratarse de su estómago, y demasiado profundo para que pudiera aliviarlo, incluso envolviéndose a sí mismo con los brazos y aplicando presión.
Ya se acercaban. Antes de que el grupo lo interceptara de manera irremediable, Io avanzó decididamente. Cade reparó en él al acto, y la gran sonrisa que se dibujó en su rostro al verlo exterminó toda su resolución. Él se apartó enseguida del grupo y vino a encontrarlo en un trote.
Pero cuando estuvieron frente a frente, ninguno de los dos dijo nada. Io bajó la mirada, temiendo que Cade notara la urgencia en ella.
—¿Cómo estás, Gruñón? —Su tono fue cauteloso—. No viniste en toda la semana... ¿verdad?
—No... —jadeó Io. Tuvo que inhalar hondo para aportar algo de fuerza a su voz—. Tenía... cosas... que hacer.
—Hm... Cosas, ¿eh? Cuánto misterio... —Cade se agachó a su altura para verlo a los ojos con una sonrisa intrigante, e Io retrocedió fastidiado.
—Imbécil, hablo de exámenes, tarea y eso... En todo caso no tengo por qué contarte todo lo que hago.
Cade se alejó riendo; no obstante, después se calló de golpe.
—¿Te duele... el estómago? —preguntó, de la nada.
Io retiró enseguida las manos que apretaba contra su vientre sin darse cuenta de que lo hacía y las dejó caer a los costados:
—No. —Se infundió valor con otro respiro—. Cade, yo... vine porque...
—¡Ah, espera!, déjame que les avise a los chicos que...
Se sacó el móvil y texteó algo rápidamente. Después hizo una seña para llamar la atención de Nathan... aunque por supuesto que ya la tenían. ¿Alguna vez dejaría mirarlo de aquel modo horrible ese tipo? Cade le mostró su móvil en alto y Nathan se sacó el suyo y revisó el mensaje. A Io le pareció que soltaba el aire por la nariz. Al final, volvió la vista a ellos y dio una cabeceada débil.
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Bajo los Sauces
Fiction généraleA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
