16. Traición

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Si le hubieran dicho que el pequeño pelirrojo que lo había insultado aquella tarde, después de sorprenderlo robando en aquella tienda por pura casualidad; y el mismo que poco antes se había despedido de él sin la intención de verse de nuevo, estaría un día tan cómodo con él como para dormirse profundamente en su cama, jamás lo hubiera creído.

Recostado sobre su estómago, abrazado a su almohada, Io casi lucía inofensivo cuando dormía. La expresión en su rostro atezado, cubierto de simpáticas pecas, era tan tranquila y pacífica, tan diferente de la noche anterior, cuando suplicaba por su perdón entre lágrimas... que Cade deseó que ese momento se extendiera todo lo posible.

Él no había podido pegar un ojo en toda la noche. Recostado a su lado, encima de las mantas, se había dedicado a cuidar de Io; que no fuera a vomitar, y que sus síntomas no empeorasen.

Y mientras trazaba la misma moción circular que había estado repitiendo durante horas sobre la parte posterior de su hombro para arrullarlo, Cade recapituló todas las cosas que se había quedado despierto pensando y las puso en perspectiva.

Su conclusión era terminante: Io no tenía la culpa.

Incluso si él no hubiera robado la llave —cosa que, por demás, había sido forzado a hacer—, Logan no se hubiese disuadido de su plan, y lo más seguro era que hubiese elegido de igual manera la noche en que el padre de ambos se ausentaría del trabajo, cuando tendría total libertad para actuar. Había sido una serie inexorable de eventos.

Sin embargo, si algo había captado de la atropellada confesión de Io era que, sin importar cómo lo mirase, habían sido sus acciones las que habían causado que el señor Tyler saliera herido.

Evan Tyler, el padre de Nate; el hombre amable y dulce al que Cade veía más como su padre que al propio, jamás hubiese lastimado a Io esa noche, después de atraparlo. Pero Logan no tenía forma de saber eso al atacarlo... ¿verdad? Había reaccionado para proteger a su hermano.

Por desgracia... Nathan jamás lo vería de esa forma.

Contempló la estación total sobre su mesa de noche. Debía encontrar la manera de devolvérsela a Nate... y sin involucrar a Io.

Un suave gemido lo alertó. Io se revolvió con dificultad; sus miembros todavía entorpecidos por los efectos diluidos del alcohol.

Cade se movió sobre la cama para acercarse y comprobar su estado.

—¿Io?... ¿Te sientes mal?

Con su voz, el muchacho abrió de golpe los ojos y lo observó solo por unos segundos, antes de que su expresión se crispara con pánico y se irguiera sobre la cama, arrebujando las sábanas contra sí.

—¡Pero ¿qué haces...?! —jadeó mientras retrocedía. Después miró alrededor—. ¿Cómo llegué...? —Y entonces, bajó la mirada y emitió un boqueo al notar la camiseta que se había cambiado por la de Cade. Le dirigió a él un gesto palidecido—: ¿Qué mierda...? ¡¿Q-qué me hiciste?!

—¡Uh...! ¡¿H-huh?! —Cade torció el gesto, y luego extendió una mano hacia él cuando Io retrocedió otro tramo—. Espera, ¡te vas a...!

Sin embargo, logró con ello todo lo contrario. Io terminó de retroceder todo lo que le quedaba de superficie, y se cayó por el otro lado de la cama, golpeando el piso con un ruido sordo.

Bajo los SaucesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora