La siguiente parada fue un centro de arcade al que Alex y Shawn habían arrastrado una vez al resto del grupo.
Cade compró una tarjeta con crédito suficiente para jugar hasta aburrirse. Había entre las diversiones no solo maquinas de juego, sino también pistas de baile, canastas de baloncesto, mini-bowling, air-hockey y máquinas de ganchos para pescar premios.
Io lo venció en la mesa de air-hockey —tenía reflejos sobrenaturales para frenar cualquier cosa que viniera en su dirección— y Cade obtuvo su revancha al vencerlo con Ryu en Street Figther.
Compitieron más tarde en una carrera de motos computarizadas, donde Io ganó otra vez, en parte debido a que la pierna lesionada no le permitía a Cade inclinarse demasiado de ese lado, y gracias a eso perdió casi todas las curvas del recorrido.
No se percató de cómo había volado el tiempo hasta que revisó su móvil y se dio cuenta de que eran casi las cuatro de la tarde.
Para ese momento, ya habían jugado casi en todas las máquinas hasta hartarse.
—Creo que ya probamos todas... ¿Nos vamos ya, o quieres que te patee el culo de nuevo en air Hockey? —bromeó Io.
Cade se rió y se dejó guiar por él, buscando alguna máquina en la que no hubiesen jugado, pero todas las que quedaban eran juegos para niños muy pequeños.
Io se detuvo frente a la última. La única que Cade había evitado de manera concienzuda.
—¿Qué hay de esta?
Eran las canastas de básquetbol. Cade dejó salir una risa incómoda:
—Creo que he tenido suficiente de eso por hoy...
—No tendrás que saltar ni nada; solo encestar. A menos... ¿que en realidad no seas tan bueno y temas humillarte?
Cade exhaló, meneando la cabeza, y aceptó el reto. Deslizó la tarjeta por la rendija para pagar una ronda, y la máquina devolvió varios balones de básquetbol que chocaron y rebotaron entre sí en el receptáculo, a la vez que las luces en la pantalla frontal comenzaron el conteo.
Cade respiró hondo. Se hizo con el primer balón, apuntó... y lanzó.
***
—No es para tanto, en serio.
—¡¿Bromeas?! ¡Batiste el puto récord de la máquina! No intentes ser modesto, tu actuación es pésima.
El muchacho andaba junto a él casi a los saltos, sin que la emoción de los momentos previos lo hubiese abandonado del todo aún luego de salir del arcade, mientras caminaban por la calle.
—Deberías dejar el básquetbol real y dedicarte a esto; te sale mejor. Mira todos estos boletos —dijo Io, y los contempló en su mano.
Después de batir la puntuación más alta del juego y que una multitud que se había formado a sus espaldas sin que se dieran cuenta estallara en vítores, la máquina comenzó a eyectar una hilera de boletos que se enroscaron en el suelo como una larguísima serpiente. Les tomó un largo tiempo reunirlos y doblarlos, y ahora constituían un fardo que tenía en la mano de Io el grosor de un ladrillo.
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Bajo los Sauces
Fiction généraleA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
