La habitación de Nate lucía muy diferente. Con persianas en las ventanas, algunos posters de sus bandas favoritas en las paredes, sus trofeos y medallas en la nueva repisa instalada sobre su cama y una vez armado su equipo de estéreo, lucía más como su antiguo cuarto.
Ese viernes, después de clases, Alex tuvo que ir directo a casa para cuidar de su hermana Gwen, cuyo resfriado había empeorado, en lo que su madre y la pareja de esta salían del trabajo, de manera que no pudo ir con ellos a casa de Nathan, en donde pasaron la tarde desempacando las últimas cajas.
Cade omitió contarles a sus dos amigos sobre su encuentro con el hermano mayor del pequeño ladrón pelirrojo. Por un lado, porque no quería preocuparlos; pero en parte también porque implicaba no solo admitir que había ignorado las advertencias de Nathan, sino que además se había puesto en peligro justo después de abandonar su casa.
Nathan sacó algunos cuadernos de la última caja y pasó un par de páginas antes de extendérselos a Cade:
—Allí están las materias que vimos con Wilson en química el año pasado. Y este es de matemáticas. A Alex y a ti les servirán.
—Gracias, bro. —Cade miró al interior del primero los apuntes de Nathan en perfecto orden y con inmaculada caligrafía—. ¿No tendrás por casualidad también las devoluciones de tus exámenes?
Nathan se lo arrebató y le golpeó la cabeza con él.
—Estudia —dictaminó.
Cade se rio, guardando todo en su mochila. Después se desplazó a la ventana y ubicó el parque de los sauces en la distancia.
—¿Qué tal ha ido todo? —preguntó, abriendo la ventana para luego sentarse en el alfeizar y tomar aire fresco en lo que Nathan desarmaba las cajas que había vaciado.
Este se concentró en la tarea de doblarlas y apilarlas de manera prolija:
—Mi padre recibió una comisión para una obra de construcción por aquí cerca. Es un proyecto grande; de un conjunto de complejos departamentales, así que él y su equipo tendrán contrato por un par de meses, si todo sale bien.
—¡Que buena noticia! ¿Y cómo ha estado Tía Emma?
Nathan se detuvo de lo que estaba haciendo de manera repentina. Cade advirtió enseguida de su cambio de semblante y apartó la vista de la ventana para indagarlo:
—Ha estado preocupada. Por un... «incidente».
—¿Ocurrió algo malo? —dijo Cade, abandonando la ventana para ir a sentarse sobre el escritorio frente a Nathan, quién se trasladó allí con las últimas cosas de la caja.
Nathan hizo una pausa antes de hablar, en lo que lo acomodaba todo.
—Hace unos días robaron una tienda de electrónica por aquí cerca. Se llevaron accesorios, partes y varios equipos.
Cade lo contempló con los ojos muy abiertos.
—¿Cómo lo supiste?
—Por mi padre. Encontró la tienda ayer de casualidad y entró a comprar algunas cosas. El dueño estaba haciendo un recuento de las pérdidas y él se lo contó. No se explica cómo entraron; la puerta no estaba forzada. La única ventana que hay es la del baño, y es diminuta.
Nathan no dijo nada más, pero era evidente en su expresión lo consternado que estaba por ello. No cumplían una semana allí y ya empezaban a ser evidentes las diferencias entre su nuevo barrio y el tranquilo vecindario en que solían vivir.
Cade suspiró en silencio. Podía entender por qué la señora Tyler estaría intranquila... Y ahora veía incluso menos factible contarle a Nathan sobre su encuentro con el chiquillo pelirrojo y su violento hermano mayor. Sumaría otro incidente en el área, y su familia ya no necesitaba más motivos de preocupación.
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Bajo los Sauces
General FictionA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
