CAPÍTULO 11

3.5K 169 36
                                        

Chiara

Ruslana me muestra uno de los tantos vestidos que están en mi armario y yo niego con la cabeza. No me gusta para la ocasión.

—Ya perdí la cuenta de la cantidad de prendas que te mostré, Chiara —me dice, colgando la percha en su lugar—. Nada te gusta.

—Es que nada es perfecto —respondo, dejándome caer en la cama—. Y aunque no sea un lugar muy elegante, quiero estar bonita para Violeta.

—Sabes que podrías ponerte una bolsa de basura como atuendo y a ella le seguirían brillando los ojos como si tuvieras puesto un vestido hecho de diamante.

Suelto una pequeña risa porque sé que tiene razón y porque a mí me pasa lo mismo con ella; el atuendo no es importante, pero, es mi primera cita oficial con Violeta y no puedo, simplemente, ponerme algo simple. No cuando quiero estar a su altura.

—¿Y si, en vez de un vestido, armo algo con dos piezas? —sugiero, mirando a la pelirroja que aún está de pie al lado de mi armario.

—Esa es una buena opción, tienes lindas prendas. —vuelve a meterse a rebuscar entre mi ropa, aunque lo hace de manera ordenada, lo cual agradezco. Si de mí dependiera, sería todo un total y completo desastre.

Yo espero, aunque pacientemente con ella, los nervios comienzan a acumularse en la boca de mi estómago. No sé por qué, al final de cuentas ya somos novias hace una semana. O quizás sea que planeo volver a pedírselo, de manera romántica, diciéndole todo lo que siento por ella de manera abierta y sincera, por mucho que ya lo sepa. El solo pensamiento hace que me tiemblen las manos.

»—¿Qué te parece esta falda, con esta blusa y este chaleco corto? —coloca las piezas frente a mis ojos y me pongo de pie.

—Suena bien, voy a probármelo, búscame unos zapatos cómodos.

Le pido, mientras ella se da vuelta, yo me pruebo el atuendo que ha preparado para mí. Después, Ruslana me entrega los zapatos y me los coloco, eligió unos borcegos con cordones, con algo de plataforma que estilizan mis piernas a la perfección. Me miro al espejo y doy una vuelta.

—Te queda hermoso, Keeks.

—La verdad que sí.

Sonrío ampliamente y me acerco a mi amiga para abrazarla, agradeciéndole por haberme ayudado. Después, vuelvo a la ropa que tenía puesta para no ensuciar la que usaré esta noche.

Salimos de la habitación y vamos a la cocina. Ahí, abro el refrigerador para sacar los ingredientes que necesito para hacer de almorzar para las dos.

—Me encanta que Violeta y tú estén saliendo —comenta—. A ver, que era obvio que algo pasaba entre ustedes, pero igual me alegra que hayan podido resolver cualquier aspereza.

—A mí también me alegra —le respondo, sonriendo—. Sobretodo poder hablar de las cosas que nos quedaron pendientes y... Nada, se siente raro sentirse tan bien, pero no me pienso quejar al respecto.

—¡Más vale que no! —se ríe, luego se pone seria— ¿Qué opinas sobre lo del restaurante?

Suspiro, recordando la situación por demás extraña que tenemos entre manos en nuestro espacio de trabajo.

—No sé, es raro todo —confieso, comenzando a cortar unos tomates recién lavados—. Me da miedo, no quiero que se cierre Lunaire.

—Yo tampoco, sobre todo porque no tengo ganas de empezar de cero en otro lugar... Estoy bastante cómoda ahí.

Dejo lo que estoy haciendo y la miro con seriedad, lamentablemente tengo experiencia en cierres de restaurantes y, aunque deseo de todo corazón que Lunaire se salve, sé que hay muchas posibilidades de que no lo haga.

SI ERES TÚDonde viven las historias. Descúbrelo ahora