Violeta
Ya de por sí, levantarme por el ruido de la alarma me molesta. Me gustan los días en los que puedo dormir hasta tarde porque ninguna responsabilidad necesita ser cumplida y ninguna vida depende de que yo esté despierta más que la mía. Me gustan los días en los que dejo de intentar ganarle al tiempo haciendo la mayor cantidad de cosas posibles para sentirme productiva, y simplemente vivo a un ritmo lento, caminando de la cama a la cocina a hacerme el primer café como si hubieran presionado el botón de 'cámara lenta'. Me encanta poder beber mi café mirando a un punto en la nada misma mientras no pienso en nada, siquiera en el día que tengo por delante, porque, de nuevo, no tengo que cumplir con ninguna responsabilidad u obligación en la inmediatez.
Sí, amo, me encantan, son lo mejor. Ahora mismo no es lo que estaría sucediendo. El ruido de mi teléfono me sobresalta, pensando en cuándo fue que cambié la canción que nunca me falló hasta ahora para despertarme por este sonido que, teniendo en cuenta cómo se coló en mi sueño antes de darme cuenta que provenía de la vida real y no del escenario que creó el fondo de mi subconsciencia, podría pertenecer a una película de terror.
Estiro el brazo para tomar el móvil y frunzo el ceño cuando lo que veo no es la alarma, sino una llamada entrante cuyo identificador de llamada devuelve un 'mamá' gigante. Me siento en la cama y me aclaro la garganta, siento la cara hinchada de haber llorado toda la noche hasta dormirme, afortunadamente no es una videollamada. Doy a 'aceptar' y coloco el altavoz.
—¿Hola? —trato de que mi voz no suene ronca. Me restriego un ojo, preguntándome qué hora debe ser.
—Hola, Violeta, hija, ¿cómo estás?
—Bien, bien, ¿tú? ¿Los demás?
—Yo estoy bien, como siempre, y los demás a los que te refieres son tu familia, que, si no fuera porque te llamo yo, no eres capaz de mandar siquiera un mensaje. Podríamos estar muriéndonos que tú no te enterarías porque nunca te comunicas.
Tomo una profunda y silenciosa respiración después de aquel primer ataque. Miro la hora en el teléfono y reprimo un quejido al ver que son las siete de la mañana. No desayuné todavía, recién abro mis ojos, dormí poco y a las razones del porqué de lo último tengo que sumarle una llamada no planificada de mi madre para recordarme que de sus hijas soy la más desagradecida, abandona hogares y no sé qué otra cosa se le va a ocurrir.
Damn, it's 7 A.M. diría Taylor Swift.
A veces, o siempre, según mi experiencia y las ganas de mantener mi paz mental y sin conflictos –o al menos sin sumar más a los que ya tengo—, es no contradecir, no engancharse en el ataque. ¿Qué sentido tiene? Esta llamada no durará más de diez minutos, y luego seguiré manteniendo el mismo contacto que hasta ahora y el cual se recrimina: poco y casi nulo.
—Lo siento, estoy con mucho trabajo, es temporada alta y...
—Que yo sepa no trabajas las veinticuatro horas del día.
Demás está decir que, otras veces, la paz no es una opción.
—Pero suelo terminar muy cansada y trato de recuperar mi energía durante el día. Por ejemplo, ahora mismo me has llamado a las siete de la mañana pudiendo haberlo hecho al mediodía.
—No me hables en ese tono, jovencita, que soy tu madre.
Y volvemos a la idea del principio. Cuanto antes termine esta llamada, antes puedo volver a dormirme.
—Son las siete de la mañana, madre —reitero—. ¿Hay algún motivo por el cual no había otro horario para esta conversación?
Pienso en la cantidad de excusas que podría ponerme, aunque la realidad es que es una persona que las siete de la mañana son como las diez, considerando su rutina inmodificable de levantarse a las cinco. Nunca entendí por qué, pero bueno.
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SI ERES TÚ
RomanceChiara y Violeta vuelven a enfrentarse a un nuevo desafío: el presente. ¿Podrán superar el pasado que las une? · · · · · Fanfic inspirado en "Un amor agridulce" de Agustina Buera.
