Violeta
Al día siguiente, me levanto temprano. La alarma solo sirvió para sacarme del estado de ensoñación y espabilarme enseguida, pues nunca logré dormirme de manera profunda. En mi mente se repetía una y otra vez miles de escenarios y resultados posibles sobre una inminente conversación con Chiara.
Cuando me lavé los dientes y la cara y me miré al espejo, me dije que no importará ningún resultado, lo único que quiero hacer es hablar con ella y poder explicarle mi posición, que me escuche. Ahora mismo, parada delante de la puerta de su departamento, no estoy tan segura de si no me importa el resultado; sé muy bien que, si la pierdo otra vez, no volverá a mí, no importa si pasan tres años o más.
Afortunadamente, el conserje me ha visto innumerables veces, ya me conoce hasta por el nombre y sólo le tuve que decir que venía a ver a Chiara y me ha dejado pasar. Si no fuera porque sé que es una excepción conmigo, me preocuparía.
Elevo mi mano y toco el timbre, luego miro la hora en mi teléfono y la hora de su última conexión, pocos minutos de diferencia, lo que me indica que está despierta. No me indica que esté en su departamento, y es algo que debería haberle preguntado al hombre en planta baja, pero quizás resultaría sospechoso y no me dejaría subir sin llamarla primero.
La suerte está un poco de mi lado, porque no sé si Chiara vio por la mirilla de la puerta, dudo que de haberlo hecho, hubiera abierto. O quizás sí y tiene ganas de hablarme.
—Violeta.
—Chiara, tenemos que hablar.
—No tengo ganas de hablar contigo —amaga a cerrar la puerta, pero llego a detenerla, apresurándome a meter parte de mi cuerpo.
—Por favor, Kiki, no quiero pasar más tiempo sin explicarte y disculparme, ya cometí ese error una vez, no voy a volver a hacerlo.
Mis palabras parecen tener efecto en ella, porque su mirada, anteriormente cargada de enojo y dolida al mirarme, se suaviza un poco. Sin decir nada, abre más la puerta, haciéndome a un lado y dejarme pasar. No pierdo tiempo haciéndolo, por las dudas cambie de opinión en un segundo y me deje fuera.
Camino hacia el sofá para sentarme ahí, dándole a entender que quiero que se siente conmigo. Mis ojos se enfocan en la pila de aviones de papel, de todo color y tamaño, sobre la mesita. Cierro los ojos, me molesta saber que es por su ansiedad y que la causante soy yo. Trato de ignorar el origami, y enfoco mi vista en ella cuando se sienta a mi lado, aunque tomando distancia.
—Habla, Violeta.
Tomo una pequeña respiración y pienso unos segundos en cómo ordenar las palabras para que, más que una discusión, sea una conversación.
—Primero quiero pedirte perdón por mentirte, Kiki, realmente busqué protegerte... Fue una decisión bastante egoísta, porque no quería verte mal por tu experiencia pasada —hago una breve pausa—. Y en todo momento pensé que estaba mal hacerlo, que no merecías que te mintiera, pero actué mal. Aunque de todo lo que sé, no me corresponde a mí decirte un montón de cosas y necesito que eso lo entiendas, ¿estuve mal en mentirte? Sí, debería haberte dicho que no podía decirte mucho, o mi opinión sobre lo que sabía, y de eso me arrepiento muchísimo.
Chiara no me responde enseguida. No me mira tampoco, pero sé que me ha escuchado y está procesando mis palabras.
Un rato después, que se sintió como una eternidad, voltea su cabeza a mí.
—¿Sabes qué sentí cuando me enteré que me mentiste mirándome a la cara? —pregunta, yo niego con la cabeza a modo de respuesta— Que estabas volviendo a alejarme como hace tres años atrás porque no confías en mí, como no lo hiciste en su momento, porque te es más fácil mirarme a la cara y ocultar y mentir porque no puedes hacerte cargo de lo que te genera la verdad.
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SI ERES TÚ
Roman d'amourChiara y Violeta vuelven a enfrentarse a un nuevo desafío: el presente. ¿Podrán superar el pasado que las une? · · · · · Fanfic inspirado en "Un amor agridulce" de Agustina Buera.
