CAPÍTULO 13

2.6K 167 39
                                        

Violeta

La semana pasó más rápido de lo que me hubiera gustado. Todo lo que haremos, a partir de que abramos la puerta al público, será por última vez. Prepararemos la cocina por última vez. Cocinaremos nuestros platos estrellas por última vez. Trabajaremos como un equipo por última vez.

Saco la llave de mi mochila y suspiro. No tengo ganas de abrir el candado de la puerta de servicio porque no tengo ganas de saber que todo llegará a su fin. Volteo la cabeza para mirar a Chiara, que me acompaña y hace una mueca cargada de pena. Suspiro, por enésima vez y abro, ¿qué sentido tiene atrasar lo inevitable? Ninguno, al fin y al cabo, hoy es el último día que Lunaire abrirá sus puertas.

Es triste recordar cada momento que me regaló este restaurante. Es triste mirar hacia atrás y saber que es todo lo que hay, porque no habrá un futuro dentro de este lugar.

Los diarios locales se han hecho eco, preguntándose cómo un restaurante con estrella Michelin puede llegar a cerrar. Dentro de esos artículos, las especulaciones no hacen más que aumentar. El nombre de Alejandro se repite una y otra vez en cada párrafo, inventándose narrativas que bastante distan de la realidad. Y, si bien sí es su culpa, nadie conoce su enfermedad y por lo que está atravesando. Ni los periodistas, ni la gente que trabaja junto a mí. Y espero que no haya leído nada, sólo hundiría sus ánimos –más aún–.

Ingresamos con Chiara y vamos al vestuario en silencio. Durante la semana, cada uno fue despersonalizando su casillero, llevándose sus cosas y cada pequeña cosa con la que lo habían hecho suyo. Entrar y verlos hoy es un golpe de realidad, pues la diferencia es notoria. Ahora son simples casilleros con etiquetas con nombres. Camino al que, hasta hoy, es el mío para cambiarme. Manteniendo el silencio, Chiara hace lo mismo, mientras esperamos que llegue el resto.

¿Se supone que tengo que dar un discurso? ¿Me corresponde a mí hacerlo? ¿Qué les diré? No puedo darles las explicaciones que necesitan, no puedo garantizarles nada. Me siento la sub-capitana de un barco que se está hundiendo, porque el capitán decidió naufragar y echarse a la fuga. Algo así como Titanic, pero creo que es una referencia demasiado trágica.

Las manos de Chiara se deslizan por mi cintura y siento su barbilla reposar en mi hombro. Dejo que mi espalda se apoye en ella con suavidad y cierro los ojos, al mismo tiempo que dejo que su presencia me brinde la calma que necesito para afrontar uno de los momentos más difíciles en mi carrera. Haber creído que tenía que proteger a mi novia de esta situación terminó siendo un error por completo, pues es ella, con la experiencia, la que me está sosteniendo a mí ahora y quien está actuando con más madurez al respecto. No es que ella no esté triste, pero ya sabe cómo se siente, por terrible que sea volver a vivirlo, ya sabe cuáles son esas emociones, entonces es ella quien cuida de mí ahora mismo.

­­—Todo estará bien —susurra, y yo me permito creerle—. Todos saben que no es tu culpa, aunque te toque dar la cara.

—No es justo.

—No, no lo es —me da la razón—. Pero no siempre nos enfrentaremos a situaciones que sean justas para nosotras. Hoy te toca esto, y es una experiencia más, algo hay para aprender, aunque no lo veamos ahora.

—Siempre viendo el lado positivo de todo, ¿eh? —sonrío, acariciando sus manos que descansan en mi vientre, manteniendo los ojos cerrados.

—Siempre —deja un beso en mi cabeza, la siento sonreír—. Ahora, vamos a ponernos esta chaqueta una vez más y a hacer lo que mejor sabemos hacer.

Asiento, no queriendo separarme de ella, pero lo hacemos. Vuelvo a suspirar y me dispongo a cambiarme. A medida que lo hacemos, las personas van llegando y el ánimo es el mismo.

SI ERES TÚDonde viven las historias. Descúbrelo ahora