CAPÍTULO 07

3.4K 231 57
                                        

Chiara

Me encanta la sensación de despertar sin apuro. Cuando tu cuerpo no requiere de ninguna alarma para reactivarse y lo va haciendo de a poco: primero, eres consciente que estás despierta y luego eso se va extendiendo por todo tu cuerpo, volviendo a obtener el control sobre el mismo y, también, volviendo a sentir todo. Sin necesidad de abrir los ojos, siento el cuerpo de Violeta pegado al mío y siento su respiración impactar directamente contra mi cuello. Sus piernas y las mías están enredadas como si esa fuera la posición natural de los dos pares de extremidades que poseemos.

Sé que mis brazos la rodean, que su cabeza descansa contra mi brazo para permitirle a su nariz rozar el hueco entre mi yugular y hombro y mi otra mano reposa sobre su espalda baja. Suelto un pequeño suspiro y siento a Violeta removerse. Por inercia, sonrío. Sé que alza su cabeza por el movimiento contra mi bíceps.

—Buenos días. —susurro, sin abrir los ojos.

—Buenos días, Kiki.

Ella también susurra. Se vuelve a acomodar, esta vez escondiendo mejor su rostro en mí y la mano con la que acariciaba su cintura, la subo a su cabello. Se siente bien, pero sobre todas las cosas, se siente normal.

No es la primera vez que compartimos cama o espacio para dormir. Cuando éramos roommates, era algo bastante común. Claro, no al principio, donde cada una parecía querer cuidar mucho el espacio personal de la otra, sin embargo, a medida que fue avanzando el tiempo y fuimos ganando confianza, nuestro espacio personal implicaba también a la otra. La primera vez que dormimos juntas fue cuando nos quedamos hasta tarde estudiando para una de las materias teóricas. El sofá que teníamos no era para nada cómodo y no era espacioso, por lo que eso de abrazarnos también comenzó ahí.

—Tengo hambre, Kiki.

La voz de Violeta hace que abra los ojos, lentamente. Yo también tengo hambre, pero tengo más ganas de quedarme así todo el día. Sería mucho más fácil si no tuviéramos que ir a trabajar en quién sabe cuántas horas y entonces no tener que preocuparnos por el tiempo.

—¿Qué quieres que te cocine? —me adelanto a saber que seré yo quien tenga que hacerlo.

—Pop-tarts.

—Eso lleva tiempo.

—Puedo esperar.

Me río, bajo, luego me separo un poco para poder observarla. Ella hace lo mismo y me sonríe, toda adormilada. Muevo su cabello de su rostro y detallo rápidamente sus facciones, como si tomarme el tiempo para ello estuviera mal. Ella me mira también y luego, lentamente, me separo para estirarme y sentarme en la cama. Violeta hace un pequeño puchero, pero también se estira y se sienta en la cama.

Me levanto para poder ir al baño, hacer mis necesidades y asearme. Al salir, dejo que Violeta ingrese mientras me dirijo a la cocina. Me estiro una vez más en el camino; enciendo la cafetera y después abro el congelador, rebusco en él hasta que encuentro el tupper con las pop-tarts congeladas (y crudas) que guardé la última vez que hice, casualmente (o no) también para la pelirroja. Las acomodo en una placa tras encender el horno y dejar este precalentar; coloco el café molido en el compartimento correspondiente del electrodoméstico y le doy al botón de inicio. Finalmente, coloco las pop-tarts en el horno.

—¿Ya las hiciste? —me volteo a Violeta, que se acerca y apoya sus manos en la isla.

—Tenía hechas en el congelador.

—Me gusta que seas prevenida —bromea y después va a la nevera para servirse un vaso con agua—. No tengo ganas de trabajar hoy.

—Yo tampoco, pero es lo que nos toca.

SI ERES TÚDonde viven las historias. Descúbrelo ahora