Violeta
Miro a Chiara desde el asiento de la isla de su cocina, donde estoy apoyada simplemente observándola. Cómo sus brazos se mueven para mezclar el glaseado o decorar las pop-tarts, sus dedos colocan el café en el filtro de la máquina o se estira para alcanzar dos tazas de la alacena. Podría estar así todo el día.
Chiara se voltea y me sonríe cuando se da cuenta que la estoy mirando, niega con la cabeza y me alcanza la taza con café.
—Te vas a quedar bizca de tanto mirarme. —dice, volviendo a voltearse para colocar sobre la isla las pop-tarts.
—Así podré verte doble —respondo—. Dos Kiki son mejor que una.
—Eres una tonta —suelta una carcajada y luego empuja el plato a mí con suavidad—. Cállate y come.
Llevo a mis labios una de las pop-tarts para probarla y confirmar que siempre le salen igual de ricas. Ella sonríe, se sirve su taza y se sienta a mi lado.
—¿Nunca me vas a decir el ingrediente secreto? —pregunto, aunque ya sé la respuesta.
—Nunca —eleva su taza como si hiciera el gesto de brindar conmigo—. Perdería todo sentido.
—¿Qué sentido?
—Me encanta hacértelas —señala—. Si sabes cuál es el ingrediente, eso quiere decir que podrías hacerlas tú. ¿Qué sentido tendría, entonces? No te emocionarías igual.
—Eso es mentira —apoyo mi bocadillo—. A mí me emociona cualquier gesto que tengas conmigo. Por ejemplo, sé hacerme perfectamente el café como me gusta, pero siempre preferiré que me lo hagas tú.
Chiara rueda los ojos y se inclina para besarme, la correspondo contenta. Me encanta poder besarnos cuando queremos hacerlo. Lo mejor de todo es que se siente normal, como si hubiera tenido que ser así siempre, lo cual estoy de acuerdo con eso y lo cual me recuerda que la pelinegra y yo tenemos una conversación pendiente que no quiero atrasar ni un minuto más. Hoy tenemos todo el día libre, lo cual nos permite poder permanecer dentro y hablar.
El único problema es cómo le digo que debemos hablar, que lo hagamos de una vez por todas. Sé que ella sabe tanto como yo que no podremos avanzar en ninguna relación si dejamos una parte significativa de nuestra historia colgada, una parte que nos ha hecho llegar hasta este momento, como cualquier pasado es importante en cada presente, nosotras le debemos a lo que sucedió hace poco más de tres años el estar aquí hoy. Son los cimientos, la columna vertebral, parte fundamental de todo lo que sucedió después, de todas las decisiones que tomamos, de cada paso que dimos, de cada desencuentro y de cada encuentro. De volver a ser amigas, de volver a sentir, de volver a besarnos.
—¿En qué piensas? —la voz de Chiara hace que vuelva a la Tierra y la miro— Se te va a enfriar el café.
Señala mi taza y yo asiento, la tomo entre mis dedos y doy un sorbo. Decido esperar a que terminemos de desayunar; entonces, cuando nos encontramos recogiendo y lavando lo usado, aclaro mi garganta.
—Kiki —llamo su atención, ella guarda los platos y me mira—. Creo que es momento de hablar.
Ella no me responde enseguida, pero no deja de mirarme. Cualquiera sea el proceso interno que ha hecho para prepararse, fue rápido. No duda ni en su mirada, ni en su posición, ni en su voz cuando me responde y eso me da seguridad a mí también.
—Está bien.
—Quiero... Quiero poder explicarte todo lo que no pude hace tres años.
—Más que no pudiste, que no quisiste —sentencia, pero no es un reproche. No lo hace con esa intención—. Yo te hubiera escuchado esa noche, Vivi, estaba dispuesta a creer cualquier explicación que me dijeras, pero no quisiste hacerlo y yo lo respeté.
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SI ERES TÚ
RomanceChiara y Violeta vuelven a enfrentarse a un nuevo desafío: el presente. ¿Podrán superar el pasado que las une? · · · · · Fanfic inspirado en "Un amor agridulce" de Agustina Buera.
