Luna Llena

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—Debemos continuar. -Dice Kai- no sé cuántas horas dormimos, pero. El sol estaba encima de nosotros cuándo dormimos y ahora la luna está en su lugar.

—Me siento descansado. -Comenta Jarco mientras se estira- De verdad nos hacía falta esto.

—Me siento mejor. -Agrega Zaira- Las batallas con ustedes siempre son duras.

Kai voltea a verme, esperando a que diga algo.

—Puedo seguir. Hay que seguir. -Respondí.

—Bien, entonces vámonos.

Tomamos nuestras mochilas y nuestras cosas, nos volvimos a equipar y salimos de debajo de los árboles.

Me siento más ligero después de esa platica con Kai, siento cómo si hubiera liberado mucha tensión. Estoy listo para seguir con esto.

Continuamos caminando bajo la luna, la vegetación empieza a desaparecer conforme nos acercamos más a la entrada del sendero para subir la colina, los árboles, los arbustos y el pasto son reemplazados por tierra y nada más.

Llegamos a lo que parece ser el marco de una entrada pero sin puerta alguna, este es el comienzo del sendero, el resto a partir de aquí es cuesta arriba.

Seguimos avanzando, pero al pasar debajo de aquel marco, tuve un presentimiento, algo que no sé poner en palabras.

Me detengo casi al mismo tiempo que Kai y Jarco, Zaira es la única que siguió avanzando.

—¿Qué pasa? -Pregunta confundida.

—¿Ustedes también lo sintieron? -Pregunta Kai.

Jarco y yo asentimos.

Esto era extraño, la única persona que no lo sintió fue la única que no es un caballero legendario.

—Estén atentos. -Dice Kai mientras toma su arco entre sus manos.

Yo tomo el arma de mi mochila, Jarco su martillo y Zaira su espada.

—¿Qué pasó? -Pregunta Zaira.

—Vista al frente. -Responde Jarco- Tuvimos un mal presentimiento.

Zaira mira al frente y pregunta.

—¿Al mismo tiempo?

—Sí. -Respondemos los tres.

Zaira guarda silencio, continuamos avanzando sobre la tierra muerta.

Pero de pronto, desde lo más alto del sendero escuchamos un grito masculino.

—Sigamos avanzando. -Dice Kai.

Cuando dice eso, una enorme piedra comienza a bajar por la pendiente, directo hacía nosotros.

La forma de la piedra es irregular, entonces empieza a moverse de un lado a otro y da saltos erráticos.

Jarco empieza a correr cuesta arriba hacía la piedra.

Corremos detrás de él, cuándo está muy cerca, salta, y la golpea tan fuerte cómo puede con su martillo.

La piedra se rompe en pedazos, pero antes de que los trozos puedan alcanzarnos, su rana aparece y los devora.

—Bien hecho, Jarco, ¡No te detengas! -Grita Kai.

Otra roca viene en camino, Jarco toca el suelo después de su salto, extiende su mano hacía la roca y la rana dispara de su boca un trozo de la piedra anterior, aunque falla.

—¡Confíen en Jarco, no se detengan! -Dice Kai.

Seguimos corriendo, Jarco dispara otra piedra y esta vez sí da en el blanco, el fragmento se incrusta en la roca que viene hacía nosotros, pero al elevarse del suelo y volver a caer se destroza, la rana vuelve a guardar los restos en su boca.

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