El Misterio Del Anciano.

20 1 9
                                        

Después de molestarme un poco y quitarse su yelmo, Socram cayó dormido casi de inmediato, a pesar de decir que iría a otro lugar, estoy seguro que tuvo una noche difícil, me pregunto, ¿dónde estarán los demás?

Socram no dió muchos detalles, pero, supongo que lo mejor que puedo hacer es confiar en ellos, son fuertes, también Zaira.

Aunque realmente quiero echar un vistazo y ver si llegan, creo que podría caminar hasta allá.

Me acomodo en la cama y, tras inclinarme hacía un lado y deslizarme con cuidado, logro salir de la camilla sin despertar a Socram, pongo los pies en el suelo y me levanto, pero al intentar caminar, un intenso dolor recorre mi espalda, los recuerdos de cuando me golpearon contra la pared vienen hacía mí cómo un rayo.

No pensé que estuviera tan maltrecho.

Con algo de dificultad intento avanzar, pero es inútil, el dolor es cómo una daga atravesando mi espalda, tal vez me lastimé algo vital o tal vez sólo sea dolor común por aquella pelea.

Supongo que tendré que esperar junto a Socram y ver si alguno del equipo llega hasta acá.

De igual forma, creo que ya amaneció, no deberían tardar.

Me siento en la camilla de nuevo, pero en ese momento escucho la puerta de la casa abrirse, después, pisadas, pero, se escuchan más pesadas que las del Doctor.

¿Será Kai? O ¿Zaira? La armadura es pesada después de todo.

Veo unas botas negras bajar por los escalones.

Baja más escalones y, parece traer un pantalón de cuero, es un aldeano, seguramente.

—¿Socram? -Dice una voz femenina.

Al bajar por las escaleras, veo que es una mujer alta y de aspecto fornido, con cabello largo anaranjado y cicatrices en sus brazos.

—¿Quién eres tú? -Me pregunta en voz baja.

—Soy Romeo, soy compañero de Socram, pero Él está dormido y creo que sería bueno dejarlo descansar. -Respondo también en voz baja.

—Bien, entonces volveré más tarde.

Empieza a subir escalones de vuelta hacía arriba.

—Espera. -Le digo.

Le pido que me lleve a la aldea, para poder esperar a mis compañeros, ya que me duele al caminar y probablemente no tardan en llegar.

Ella se ríe, diciendo que sabe cómo son las batallas y qué, aunque maltrecho, algo le dice que no fui un perdedor.

Después de eso se presenta diciendo que se llama Amber, se acerca a mí y me carga entre sus brazos sin ningún problema, subiendo las escaleras me golpeo la cabeza con la pared , pero, nada grave, solo fue un descuido, aunque a ella le causó gracia.

Salimos por la puerta al camino de piedra construido en la aldea y empezamos a dirigirnos hacía el centro.

El sol ya ha salido.

—Parece que algo está pasando adelante. -Dice Amber- Vamos.

Apresura el paso y empiezo a sacudirme, duele, pero está bien, no me quejaré, ya está haciendo mucho por mí.

Llegamos al centro y hay muchos aldeanos rodeando algo.

Amber y yo nos acercamos al centro entre la multitud, diciendo compermiso y empujando un poco.

Al acercarnos poco a poco puedo ver metal de color verde, unos cuernos cómo de un ciervo y un pico de metal rosado.

—¡Son ellos! -Dije emocionado.

¡Castle Wars! Donde viven las historias. Descúbrelo ahora