Decidí usar un vestido color rojo y pintar mis labios del mismo tono, sigo sin creer lo que pasó ayer.
-Querida, Lili está en casa- irrumpe mi madre dentro de mi cuarto.
-Enseguida voy- me miro una vez más al espejo y pienso en Sebastián, aquel chico que conocí por casualidad.
Me levanto del tocador, llego al primer piso y la veo usando un precioso vestido color azul que realza el tono gris de sus ojos.
-Hola,María- dice Lili llena de alegría o eso parecía.
-Hola- digo con ánimos notables.
-Vamos, los chicos nos están esparando- sonríe y me da el brazo.
-Con cuidado chicas- dice mi mamá dirigiéndose a la cocina- Te quiero linda.
-¡Gracias mamá! ¡Te quiero!- respondo.
Salimos de la casa y por un segundo mi corazón recibe una punzada ligera.
Llegamos al puerto como lo pactamos, notamos que los chicos ya nos esperan y Lili básicamente corre hacía Felipe, lo abraza para luego darle un largo beso.
-Parece que Felipe y Lili se llevan bastante bien- bromea Sebastián.
-Lili es una chica muy dulce y guapa, todos los chicos pierden la cabeza por ella- digo mientras la miro tan feliz.
-No todos- dice firmemente mientras me observa.
-¿No?- contestó extrañada.
-No, yo perdí la cabeza en el instante en que te vi por primera vez - me besa en la mejilla y me toma la mano.
-Señor Vallejo ¿acaso intenta conquistarme?- me río nerviosa.
- Ha descubierto mis intenciones señorita Duarte, intento robarme su corazón- aprieta levemente mi mano.
Nos observamos un momento, un momento en el que parece que todo el mundo se detiene, un momento en el que nuestros labios se unen liberando en mi ser millones de emociones calidas al mismo tiempo.
-Enamorados vamos a la rueda de la fortuna- rompen el momento Lili y Felipe.
-Vamos- me separo sonrojada del castaño que acaba de robar mi primer beso .
Caminamos en dirección al juego mecánico, en silencio, Lili y Felipe se suben en la primera canastilla, nosotros subimos en la siguiente, con los nervios del beso había olvidado mi temor a las alturas, conforme la canastilla comienza a elevarse comienzo a apretar cada vez más fuerte la agarradera del juego.
-¿Estás bien?- pregunta mi acompañante al notar mi comportamiento.
-Sí, solo que le temo un poco a las alturas...- cierro los ojos al terminar mi oración.
-No quiero ponerte nerviosa pero llegamos al punto más alto- me abraza- abre los ojos, quiero que veas esto.
-No, no puedo- dije temblando.
-Por favor, te vas a perder de este espectáculo- suena sincero.
Abro los ojos, tenía razón, desde ese punto pude observar todo el muelle repleto de luces y personas, parecía un cuadro extraordinario.
-Es hermoso- sonrío para mí, por fin había perdido ese miedo que me agobiaba desde pequeña.
-Solo necesitabas ver las alturas desde otra perspectiva- tomó mi mano el resto del tiempo que pasamos en el juego.
Bajamos del juego y corrimos a un puesto donde venden algodón de azúcar, sin embargo Felipe y Lili corren a otro lugar.
El resto de la noche transcurre tranquila, un poco más tarde Sebastián me acompaña a casa, me toma la mano, casi nos besamos pero mamá abre la puerta.
-Buenas noches- parece cansada.
-Buenas noches, señora, soy Sebastián Vallejo- le extiende la mano y mamá le corresponde.
-Cecilia Duarte, mucho gusto- le sonríe- Es muy tarde, entra a la casa- dice un poco emocionada. - Hasta mañana joven.
-Hasta mañana señora, hasta mañana María- se despide.
Mamá cierra la puerta lentamente, en cuanto termina me mira reprimiendo la emoción.
-¿Quién es ese joven?- se sienta en el sofá esperando respuestas.
-Es un soldado, Lili y yo conocimos a Sebastián y a Felipe ayer...-
-¿Un soldado?- parecía molesta- María ese tipo de hombres solo están poco tiempo en el pueblo, tienes que tener cuidado, tal vez solo quiere jugar contigo- por un momento pude notar su gran preocupación por mí.
-No pasará nada, a él le gustó realmente- intenté tranquilizarla.
-Solo ten cuidado hija- me acaricia lentamente el rostro.
-Lo prometo- la besé en la mejilla y subí las escaleras hasta mi cuarto.
Me recuesto en la cama, por alguna razón no puedo dejar de pensar en él, en su sonrisa, en su beso y sigo sonriendo, no puedo parar de hacerlo,la imagen se repite en mi mente constantemente y abrazo la almohada cada vez que ocurre.
No puedo creer la forma tan fácil en la que nació este sentimiento hacía él, no estoy segura de lo que sea pero me hace sentir bien, como cuando sale el sol en primavera. Es un poco tonto porque lo conocí ayer pero al verlo por alguna razón sentí que debía estar con él, creo que hay personas que están destinadas a estar contigo y podemos reconocerlas a simple vista, conocer a Sebastián no se trata de coincidencia, se trata de destino, mi destino.
Es tan sencillo pensar en las personas, lo difícil es lograr que ellas piensen en ti como tú piensas en ellas.
Acomodo mi almohada, me cubro perfectamente con las suaves sábanas, miro el techo, sigo pensando en él y sonriendo a la vez hasta que me quedó profundamente dormida pero soñando con él.
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María
RandomEl amor puede ser lo más hermoso pero después puede convertirse en aquello que tiene el poder de destruirte.
