El sol apenas asomaba sobre el horizonte cuando Sarada llegó al campo de entrenamiento siete. El aire estaba fresco, y una ligera neblina cubría el suelo. Naruto ya la esperaba, con las manos en los bolsillos y una sonrisa tranquila en el rostro.
—Puntual. Me gusta —dijo mientras Sarada se paraba frente a él.
—Estoy lista —respondió ella con voz firme, aunque aún medio dormida.
—Eso lo vamos a ver.
El entrenamiento comenzó con ejercicios básicos: taijutsu, carreras, lanzamiento de kunais con precisión, pero Naruto no tardó en llevarla al límite. Usó clones para rodearla, genjutsus simples para probar su concentración, e incluso le pidió que intentara combinar técnicas de fuego con su sharingan activado.
Sarada lo daba todo. Respiraba con dificultad, sudaba y temblaban sus piernas, pero no se rendía. Naruto, entre tanto, la observaba con una mezcla de exigencia y orgullo. Podía ver en ella no sólo a su mejor amigo Sasuke, sino también el fuego de Sakura y algo más: una voluntad inquebrantable.
—¡Vamos, Sarada! ¡Una más! ¡No pienses, actúa!
Sarada lanzó un último golpe de chakra reforzado con un sello médico recién aprendido de su madre. Logró derribar a dos clones y luego cayó de rodillas, jadeando.
—Eso fue increíble... —murmuró Naruto—. Ya es suficiente por hoy.
Pero Sarada no respondió.
—¿Sarada?
Se acercó y vio que la chica estaba sentada sobre la hierba, con los ojos cerrados y la respiración profunda. Se había dormido en medio del campo de entrenamiento.
Naruto sonrió, enternecido. Se agachó, la levantó en brazos con suavidad, cuidando que su cabeza descansara en su pecho. A pesar de su nuevo chaleco táctico y su madurez reciente, en ese momento seguía siendo una niña... una niña que se esforzaba demasiado.
—Tu determinación es igual a la de tu madre —susurró mientras caminaba lentamente hacia el distrito Uchiha.
En el hogar Uchiha
La noche caía cuando Naruto llegó a la puerta de la casa Uchiha. Sasuke abrió antes de que pudiera llamar. Parecía que ya lo esperaba.
—¿Durmió? —preguntó sin sorpresa, viendo a su hija profundamente dormida.
—Como una piedra —respondió Naruto, con una sonrisa cansada—. Se esforzó mucho. No se rindió ni una vez. Tiene algo especial, Sasuke.
Sasuke asintió, recibiendo a Sarada con cuidado. La tomó en brazos con la misma soltura con la que alguna vez cargó a su esposa cuando ella se dormía en misiones largas.
—Lo sé. Gracias por entrenarla, Naruto.
Naruto lo miró un segundo. En su expresión no había rivalidad ni diferencia. Solo respeto mutuo... y una amistad profunda que el tiempo no había borrado.
—Estás criando a alguien increíble. Ella va a llegar muy lejos.
Sasuke acarició suavemente el cabello de Sarada mientras ella murmuraba algo entre sueños, aún con el ceño fruncido.
—Eso espero. Pero por ahora... necesita dormir.
—Mañana le daré descanso. O tal vez no —bromeó Naruto mientras se marchaba—. Que tenga dulces sueños, futuro Hokage.
Sasuke lo observó alejarse y luego cerró la puerta. Caminó hacia la habitación de Sarada y la acomodó con cuidado en la cama, cubriéndola con una manta.
La miró por unos segundos. Aunque no lo decía en voz alta, estaba orgulloso. Muy orgulloso.
—Buen trabajo, Sarada —murmuró, antes de apagar la luz.
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Un deseo del corazon
SpiritualEsta historia trata de un deseo que pide fervientemente una niña llamada Sarada Uchiha ; ella sentía curiosidad por todos los miembros de su clan en especial por uno que su padre Sasuke odio con todas sus fuerza pero luego termino amando y esa perso...
