El cielo de Konoha estaba despejado, salpicado de estrellas, y una luna brillante lo iluminaba todo con un resplandor plateado. Después de la exitosa misión, Naruto organizó una pequeña reunión en su casa para agradecer personalmente a Sarada y Shikadai.
Los Uchihas estaban presentes: Sakura, Sasuke, Itachi, Fugaku, Mikoto... incluso Óbito. Naruto estaba relajado, aunque no dejaba de observar a Sarada como si fuera su propia hija. En un rincón del jardín, lejos del bullicio, Sarada y Shikadai se encontraban solos, conversando bajo un árbol.
—Oye, lo hiciste increíble hoy —dijo Shikadai con las manos en los bolsillos, su voz más suave de lo habitual.
Sarada sonrió, con las mejillas ligeramente coloradas.
—Tú también. Fuiste muy rápido con esas sombras... si no fuera por ti, tal vez no habría podido proteger al Séptimo como prometí.
—Lo protegiste... y a todos. Yo solo te cubrí.
Hubo un breve silencio. Ambos bajaron la mirada, algo nerviosos, hasta que Shikadai habló, algo más decidido.
—Sarada... Hace tiempo quería decirte esto... Me gustas. No solo como compañera de equipo. Me gustas de verdad.
Sarada lo miró, sorprendida, pero una sonrisa dulce se formó en su rostro.
—Yo también, tonto. Solo esperaba que tú lo dijeras primero.
Shikadai se rió con suavidad, dio un paso adelante y, sin decir nada más, ambos se inclinaron y se dieron un primer beso suave, torpe pero lleno de sentimiento. La brisa nocturna acompañó el momento. Era inocente, puro... real.
Pero lo que no sabían era que habían sido vistos desde la casa.
—¿QUÉ ESTÁ PASANDO ALLÁ AFUERA? —bramó Fugaku, incorporándose de golpe.
—¡¿Shikadai?! —Itachi frunció el ceño, visiblemente incómodo.
—Ese mocoso Nara... —Sasuke se levantó lentamente, con el sharingan encendido por reflejo.
—Respira, Sasuke, no es que la haya deshonrado —rió Óbito, aunque apretó la mandíbula.
Naruto estaba con los ojos abiertos como platos, en shock total.
—¡¿Qué rayos fue eso?! ¡¡Sarada es como una hija para mí!! ¡¡Y ese mocoso...!!
Pero las mujeres los interrumpieron entre risas suaves:
—Ay, pero qué romántico —dijo Mikoto, llevándose las manos al corazón.
—Era hora —agregó Sakura, con una sonrisa traviesa.
—Déjenlos vivir su juventud —intervino Hinata, con una voz tranquila y cálida—. Es un amor bonito.
—Lo vi venir desde hace semanas —añadió Ino con una sonrisa cómplice mientras bebía su té.
Mientras los hombres discutían encendidos, Sarada y Shikadai regresaban caminando como si nada. Sarada, al ver a su familia tan alterada, alzó una ceja.
—¿Ocurre algo?
—¿Pasa algo malo si quiero a alguien que me entiende y me respeta? —agregó Shikadai, sin perder la calma.
Hubo un silencio incómodo.
Finalmente, Fugaku resopló, cruzándose de brazos.
—Mientras la respetes...
—Y no haya otro beso a la vista de todos —gruñó Sasuke.
Naruto solo murmuró:
—Voy a tener que hablar con Shikamaru... muy en serio.
Pero en el fondo, todos sabían que Sarada estaba creciendo, y no podían evitar sentir orgullo. Aunque... eso no quitaba los celos.
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Un deseo del corazon
KerohanianEsta historia trata de un deseo que pide fervientemente una niña llamada Sarada Uchiha ; ella sentía curiosidad por todos los miembros de su clan en especial por uno que su padre Sasuke odio con todas sus fuerza pero luego termino amando y esa perso...
