En sus brazos al fin

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Poco después, los equipos comenzaron a llegar a la oficina. Naruto entregó misiones a los primeros grupos. Finalmente, el último equipo entró. Era el Equipo 7.

Sarada Uchiha observó a Naruto mientras escuchaban las instrucciones para la misión del día siguiente. Él, por su parte, lanzó una mirada cómplice a Itachi, quien permanecía en una sala contigua.

—Sarada —llamó Naruto, una vez que la misión fue entregada y el resto del equipo comenzaba a salir—. Quiero mostrarte algo. Quédate un momento.

—¿Qué ocurre, Hokage-sama? —preguntó ella, seria, mirando a su alrededor con desconfianza. Su Sharingan se activó inconscientemente, anticipando algo importante.

Naruto sonrió y hizo una señal para que la persona hablando

—Adelante —dijo, mirando hacia la puerta lateral.

Sarada giró la cabeza justo cuando alguien entraba. Sus ojos se abrieron al máximo.

Itachi Uchiha apareció ante ella, con su porte calmado, la túnica oscura y una mirada suave y serena. Sarada se quedó inmóvil, sin poder reaccionar de inmediato.

—Los dejaré a solas —murmuró Naruto con una sonrisa cálida, saliendo de la habitación.

El silencio reinó unos segundos.

Sarada, paralizada, apenas podía creer lo que veía. Su respiración se entrecortaba. Se llevó ambas manos a la boca, y de sus ojos brotaron lágrimas sin que pudiera detenerlas.

—T-Tío... Itachi... —susurró.

Itachi dio un paso hacia ella, con la mirada triste pero dulce.

—Así que tú eres Sarada... —dijo en voz baja—. Has crecido... y llevas muy bien el nombre de los Uchiha.

Sarada no lo pensó más. Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, aferrándose como si tuviera miedo de que desapareciera.

Itachi se quedó quieto un momento, sorprendido... y luego alzó lentamente los brazos para corresponder al abrazo, posando una mano sobre la cabeza de su sobrina y otra en su espalda.

—Lamento no haber estado allí para ti... —susurró con suavidad, cerrando los ojos—. Pero ahora estoy aquí.

—Siempre soñé con conocerte —lloraba Sarada, temblando—. Mi papá me hablaba de ti... ¡pero nunca imaginé esto! Eres real... estás aquí...

—Lo estoy —dijo él—. Y si el destino me ha dado esta segunda oportunidad, la aprovecharé para estar contigo, aunque sea por un tiempo.

Sarada alzó la vista, limpiándose las lágrimas.

—¿Puedo preguntarte muchas cosas? ¿Podemos hablar... como familia?

Itachi sonrió con ternura y asintió.

—Claro que sí, Sarada. Estoy aquí para eso... y más.

Desde el pasillo, Naruto escuchaba en silencio. Cerró los ojos, sonriendo con serenidad, mientras sentía que algo importante y bello estaba ocurriendo dentro de esa oficina. Un reencuentro que cerraba heridas antiguas y abría un nuevo capítulo en la historia de los Uchiha.

Un deseo del corazonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora