Era una tarde tranquila en Konoha. El sol comenzaba a ocultarse cuando Shikadai tocó la puerta de la casa Nara. A su lado, Sarada lucía ligeramente nerviosa, aunque mantenía la postura erguida, como buena Uchiha. Sabía que ese momento tarde o temprano llegaría: conocer oficialmente a los suegros.
La puerta se abrió y Temari apareció, aún con su abanico colgado a la espalda. Al verlos juntos, levantó una ceja.
—¿Y esto?
—Hola, mamá. ¿Está papá? —preguntó Shikadai.
—Está en el jardín. ¿Y tú, Sarada? ¿Vienes a cenar o a robarte a mi hijo?
Sarada se sonrojó, pero sonrió con educación.
—Buenas tardes, señora Temari. Es un gusto verla.
Temari los hizo pasar, divertida. En el jardín, Shikamaru leía unos informes de la oficina del Hokage mientras bebía un té. Apenas los miró de reojo.
—¿Y ahora qué? —preguntó sin quitar la vista de los papeles.
—Papá —dijo Shikadai, rascándose la nuca con una leve sonrisa—. Quiero presentarte oficialmente a mi novia. Sarada Uchiha.
Shikamaru alzó una ceja lentamente... luego suspiró, se llevó una mano a la cara y murmuró:
—Qué fastidio...
Sarada se tensó un segundo, pero Shikamaru levantó la mano, como señal de que aún no había terminado.
—No por ti, Sarada. Me caes bien. Inteligente, fuerte, seria... demasiado para mi hijo, si soy sincero. Pero... —cerró el pergamino—. Supongo que podías haber elegido a alguien peor. Bienvenida a esta casa. Aunque prepárate: este es un clan de flojos.
—¡Oye! —protestó Shikadai.
Temari apareció entonces con los brazos cruzados, pero sonriendo.
—Lo apruebo. Si Sarada te aguanta, tiene mi respeto eterno.
Sarada rió con suavidad.
—Gracias... señora Temari.
—Llámame solo Temari —respondió ella guiñando un ojo—. No me hagas sentir vieja.
Fue entonces cuando el Hokage llegó al umbral del jardín.
—¡Shikamaru! Necesito hablar contigo —dijo Naruto, cruzándose de brazos, con una expresión seria.
—Lo sabía... —suspiró Shikamaru, alzando los ojos al cielo.
—¿¡Por qué no me dijiste que tu hijo y mi Sarada estaban saliendo!? —exclamó Naruto—. ¡¡Sarada es como mi hija!! ¡¡Y ese mocoso...!!
Shikamaru se puso de pie con total calma, recogiendo los informes.
—Porque era obvio, Naruto. No necesitas byakugan para verlo. Y además... qué fastidio.
—¡No te burles!
—No me burlo. Solo me resigno.
Naruto bufó, pero al mirar a Sarada sonriendo junto a Shikadai, su expresión se suavizó.
—Pero si la lastimas —advirtió mirando a Shikadai—, te mando a limpiar la villa con una escoba durante un año entero. ¿Entendido?
—Entendido, señor Hokage —respondió Shikadai con una sonrisa burlona.
—Hmp. Como sea —resopló Naruto, dándose la vuelta—. Pero al menos invítenme al casamiento algún día, ¿eh?
Temari se echó a reír.
—¿Ya estás pensando en boda?
Shikamaru murmuró algo como "mujeres, emociones, compromisos... qué fastidio..." mientras volvía a su sitio, pero una pequeña sonrisa traicionera cruzó su rostro. Shikadai y Sarada se miraron de reojo, tomándose de la mano con suavidad.
Todo estaba empezando. Y era hermoso.
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Un deseo del corazon
SpiritualEsta historia trata de un deseo que pide fervientemente una niña llamada Sarada Uchiha ; ella sentía curiosidad por todos los miembros de su clan en especial por uno que su padre Sasuke odio con todas sus fuerza pero luego termino amando y esa perso...
