Cena familiar

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El sol ya comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, tiñendo de dorado los techos de Konoha, cuando en la residencia Uchiha todo era preparación, aromas deliciosos y emoción contenida. Ese día, Sarada había pasado el examen chunin con honores. Su nombre había sido anunciado entre los nuevos ascendidos y, como buena Uchiha, lo había hecho con firmeza, inteligencia y pasión.

Para celebrarlo, Sakura y Mikoto habían organizado una cena especial. Las dos mujeres, madres orgullosas, trabajaban lado a lado en la cocina mientras en la sala el resto del clan esperaba a la protagonista de la noche.

Sarada estaba en su habitación, frente al espejo. Había cambiado su apariencia para marcar el inicio de una nueva etapa: llevaba pantalones oscuros, una blusa sin mangas negra y, por encima, el tradicional chaleco táctico que distinguía a los chunin y jōnin. Su madre le había preparado un nuevo estuche con suministros médicos y armas básicas, que guardó con cuidado en su cinturón. Se miró una última vez, se acomodó el cabello y respiró hondo antes de salir.

Al llegar al salón, todos los Uchihas se giraron hacia ella.

—¿Y? ¿Qué tal estoy? —preguntó con una sonrisa nerviosa, acomodándose los mechones rebeldes que caían sobre su frente.

Sakura se quedó unos segundos en silencio, como si la imagen de su hija le robara el aliento. Luego sonrió con dulzura.

—Estás hermosa, pequeña —dijo con orgullo, sus ojos brillando.

—Concuerdo con Sakura —añadió Mikoto, cruzando los brazos con expresión maternal—. Mi nieta luce como una verdadera kunoichi Uchiha. Te ves increíble.

Fugaku, que estaba sentado cerca, no dijo nada, pero su sonrisa serena y orgullosa hablaba por él. Sarada lo miró, y aunque su abuelo era un hombre serio, entendió el mensaje detrás de aquella expresión contenida: estaba orgulloso de ella.

Sasuke, fiel a su naturaleza reservada, le dedicó una media sonrisa. Para otros habría pasado desapercibido, pero Sarada lo conocía bien. Esa simple curvatura en los labios era su forma de decir: "Estoy orgulloso de ti, hija. Has crecido mucho."

Itachi, que había llegado especialmente para la celebración, se acercó y le revolvió el cabello suavemente.

—Te ves fuerte y decidida, Sarada. Konoha necesita ninjas como tú.

—¡Gracias, tío Itachi! —respondió ella, algo ruborizada—. Me aseguraré de estar a la altura.

Obito, que también se encontraba entre los invitados, alzó la mano en señal de saludo.

—No tengo dudas. Eres una combinación perfecta de tus padres... pero con tu propia luz. Si necesitas entrenamiento con el Sharingan, sabes dónde encontrarme.

La mesa estaba repleta de manjares: ramen casero, arroz al vapor, sushi, sopa miso y hasta pastel de mochi, el favorito de Sarada. Mientras cenaban, las conversaciones fluían con calidez.

—¿Y ahora qué planes tienes? —preguntó Mikoto, sirviendo más té.

—Quiero seguir entrenando —respondió Sarada, con determinación—. Quiero dominar el ninjutsu médico como mamá... también me gustaría obtener la fuerza de un centenar, como Tsunade-sama. Además, quiero entrenar con papá, con tío Itachi, con tío Obito... incluso con Naruto, el Séptimo.

—Vas a estar ocupada —rió Sakura, aunque sus ojos brillaban de emoción.

—Quiero ser Hokage —añadió Sarada, con voz firme—. No por ambición, sino para proteger a todos. Como tú querías, tío Itachi... y como lo deseaba tío Obito. Quiero una aldea en paz, donde nadie sufra.

Un silencio cargado de respeto se hizo en la sala. Incluso Fugaku asintió con solemnidad.

—Esa es una meta digna —dijo Itachi, con una leve sonrisa—. Pero recuerda: el camino del Hokage es duro. Requiere sacrificios, pero también te dará fuerza.

—Lo sé —asintió Sarada—. Y por eso quiero prepararme con todos ustedes. Quiero aprender de sus errores, de sus aciertos... y seguir mi propio camino.

Sasuke se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Si esa es tu decisión, te apoyaré. Pero debes entrenar con todo tu ser. No te lo pondré fácil.

—¡Eso espero! —rió Sarada—. No quiero atajos. Quiero ser digna de mi clan y de Konoha.

Las risas llenaron la sala, junto al cálido aroma de la comida. A lo lejos, las luces de la aldea brillaban, testigo silencioso del nacimiento de una nueva generación Uchiha. Una generación marcada por la fuerza, el amor... y el deseo de proteger.

Un deseo del corazonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora