Después de un largo día de entrenamiento, Sarada llegó a casa con el chaleco de chunin todavía puesto, el sudor en su frente y una expresión pensativa. No era común verla tan callada después de sus entrenamientos, pero hoy algo había cambiado dentro de ella.
Sakura la vio entrar en la cocina y, como siempre, comenzó a preparar algo ligero para cenar.
—¿Cómo te fue hoy, Sarada? —preguntó con una sonrisa suave, colocando una taza de té sobre la mesa.
Sarada se dejó caer en una silla, mirando el suelo, como si estuviera buscando las palabras correctas. Finalmente, se levantó, se acercó a su madre y la miró a los ojos.
—Hoy... hoy Naruto me dio un beso en la frente.
Sakura la miró, sorprendida por la mención. Sabía que Sarada tenía una relación cercana con Naruto, pero nunca imaginó que un gesto como ese la dejaría tan pensativa.
—¿Un beso en la frente? —preguntó Sakura, con una pequeña sonrisa en los labios—. ¿Por qué te lo dio?
Sarada no respondió de inmediato. Su mente volvía a aquel instante, a la calidez del gesto de Naruto, tan lleno de confianza y esperanza. Era como si algo dentro de ella se hubiera encendido, algo que había heredado de su madre y de todos los Hokages que vinieron antes.
—Me dijo que me daba su esperanza. Que confiaba en mí, porque tengo la voluntad de fuego —dijo Sarada, con la voz suave, pero llena de determinación—. Me dijo que yo también tengo esa llama dentro de mí. Me recordó a Tsunade-sama, cuando te dio su confianza. Y ahora, siento que debo mantener ese fuego vivo, mamá.
Sakura la miró fijamente. Sus ojos brillaban de orgullo, pero también de emoción contenida.
—Sarada... —dijo, acercándose para abrazarla—. Eso es lo que siempre has tenido dentro de ti. La voluntad de fuego no se hereda solo de un Hokage. Se hereda de la gente que te rodea, de todos los que luchan por lo que creen, por la paz de nuestra aldea. Tú eres la prueba viviente de eso, hija.
Sarada sonrió ligeramente y abrazó a su madre, sintiendo una calidez reconfortante. De alguna manera, este gesto de Naruto la había dejado más determinada que nunca a seguir adelante.
—No quiero decepcionarlos a ninguno de ustedes —susurró Sarada, mirando a su madre—. Quiero ser fuerte, quiero proteger a todos, y si algún día soy Hokage... quiero ser la clase de líder que Naruto es. Alguien que inspire confianza, como él lo hace conmigo.
Sakura acarició su cabello, recordando aquellos momentos en los que ella misma era joven y soñaba con ser fuerte. Había visto a Naruto crecer, y ahora veía a su hija hacer lo mismo.
—Lo serás, Sarada. Lo serás. Tienes todo lo que necesitas para llegar allí.
Un silencio cómodo se instaló entre madre e hija. Ninguna de las dos necesitaba decir más. En ese momento, las palabras sobraban.
—Gracias, mamá —dijo Sarada finalmente.
—Siempre estaré a tu lado —respondió Sakura, sonriendo con ternura.
A medida que Sarada se dirigía a su habitación para descansar, pensó en la promesa que había hecho, no solo a su madre, sino también a Naruto. Sentía que estaba más cerca de su sueño. Y con ese pensamiento, se quedó dormida esa noche, con el fuego de la esperanza ardiendo más fuerte que nunca en su corazón.
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Un deseo del corazon
EspiritualEsta historia trata de un deseo que pide fervientemente una niña llamada Sarada Uchiha ; ella sentía curiosidad por todos los miembros de su clan en especial por uno que su padre Sasuke odio con todas sus fuerza pero luego termino amando y esa perso...
