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Era un nuevo dia en Encanto y Coraline de cierta forma ya se había acostumbrado a despertar en el cuarto de Mirabel, aunque no podía acostumbrarse del todo sabiendo que debía encontrar alguna forma de volver a su mundo, y a su época.
Gracias a Bruno sabía que se encontraría con el gato nuevamente, aunque quería verlo y preguntarle cómo llegó al Encanto no encontró sentido intentar buscarlo como ayer. Desde que conoce al gato siempre se encuentran de una forma u otra, y esperaba que al igual que todas esas veces se encontrarán pronto.
Ahora mismo, y como le prometió a la abuela Alma, se centrará en ayudar con los quehaceres de la casa.
Aunque no era lo que esperaba.
—¡Equipo de limpieza!—vociferó Félix con entusiasmo levantando un escurridor como si fuese una espada
Agustín, igual de animado, imitó el gesto.
Ambos hombres, padres de Mirabel y Camilo respectivamente, eran los encargados de mantener la casa reluciente aquella mañana y todos habían acordado que Coraline los acompañara en la tarea.
—¡Arriba!—cantaron al unísono alzando sus escurridores y tocando las puntas
Coraline, un poco avergonzada pero contagiada por su energía, levantó el suyo también.
Así comenzaron las tareas del hogar.
Primero abordaron el piso de abajo. Coraline se ofreció a ayudar en la cocina aprovechando la ausencia de Julieta. Se dedicó a limpiar platos, cubiertos y otros utensilios, aunque en realidad ya estaban limpios.
Luego siguieron con el piso de arriba, Coraline se extraño porque no había casi nadie en la casa, ni siguiera Alma se encontraba presente, y según lo que le dijo Felix casi todos estaban ocupados con otras tareas en el pueblo.
Luego subieron al piso de arriba, Coraline se extrañó al notar que la casa estaba casi vacía, ni siquiera Alma se encontraba presente.
Según Félix, casi todos estaban fuera, ocupados con labores en el pueblo.
—Esto es lo mejor, ¿sabes?—comentó Agustín mientras entraban en uno de los cuartos.
—¿Ah, sí?—preguntó Coraline barriendo el suelo sin dejar de mirar las extrañas decoraciones del lugar
—¡Por supuesto! La abuela no está, y tenemos toda la casa para nosotros.
—Podemos ir donde queramos—añadió Félix con una sonrisa cómplice
Coraline sospechaba que intentaban hacerla sentir bienvenida aunque no era necesario, no la estaba pasando mal, de hecho la esta pasando mucho mejor de lo que habría imaginado.
Cada cuarto era un mundo en sí mismo, una caja de sorpresas encantadas.
En el cuarto de Luisa, se sintió como si hubiera entrado a un laberinto de poleas, pesas y vigas. Era gigantesco, lleno de energía y fuerza. Aunque apenas limpiaron algunos objetos que solo ella usaba, Coraline pensó que necesitaría días para dejarlo reluciente por completo.