Dania y Roier se odian a muerte todo por no tener una buena impresión el uno del otro el día que se conocieron.
¿Pero qué tal si los sentimientos de Roier cambian al aceptar una apuesta que le hicieron sus amigos? Todo podría salir muy bien... O muy...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Salí de la ducha dejando salir el vapor caliente que había quedado. Me había pasado bañándome más de lo necesario, pero lo necesitaba, necesitaba relajarme para este día.
Antes de poder arreglarme, escuché el timbre de la casa por lo que baje rápidamente y abrí la puerta, ahí afuera se encontraba la señora Yuli.
— ¡Niña!, ¡¿Cómo se te ocurre abrir la puerta así?! —me regañó metiéndome a mi casa y entrando ella.
— Sabia que era usted señora Yuli, no se preocupe —le dije con una sonrisa
Acomodó mi bata— ¿Y eso qué? Podrías enfermarte —me dijo acercándose a mí .
— Estoy bien, no se preocupe —le brindé una sonrisa
— ¿Necesitas ayuda con algo? —me preguntó viendo que me terminaba de bañar— Si quieres puedo arreglarte el cabello, hace unos años trabajaba en peinar a quinceañeras, novias, damas de honor y más personas.
Sonreí— Me encantaría, la verdad no tenía ni idea de como hacer el peinado que tenía en mente
Sonrió con emoción— Tenemos que ver que el vestido quede bien con el peinado que quieres, sino tienes que buscar otro
— Dejo mi peinado en sus manos, señora Yuli —le sonreí— Vamos a mi habitación.
— Vamos —dijo pero se regresó al mueble donde había dejado la bolsa que llevaba con ella— Ten —me tendió la bolsita— Es fruta para que desayunes mínimo eso.
Sonreí con ternura— Muchas gracias —tomé la bolsa— Vamos a mi habitación.
Antes de seguir caminando escuché el timbre de mi casa de nuevo, confundida caminé hacia la puerta y abrí lentamente. No esperaba visitas, al menos no a esta hora.
— ¡SORPRESA! —escuché el grito de emoción que inevitablemente me hizo sonreír al verlo parado en mi puerta
— ¡Kevin! —me acerqué a abrazarlo— ¿Qué haces tan temprano aquí?
Hice lo que le dije ese día, hacer como que nada había pasado para no hacer tenso los momentos entre nosostros más sabiendo que ahora iba a ser mi acompañante.