34. Latido.

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Hassan Kabande

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Estamos tirados en la cama, viendo el techo, con las manos entrelazadas, ella sigue con los ojos hinchados, pero ya no llora, ahora solo suspira cada dos minutos, como si estuviera soltando kilos de tensión con cada exhalación.

Yo, honestamente, todavía tengo el corazón acelerado... pero ya me dio por cotorrear, porque así es como lidio con el pánico, haciendo chistes bien pendejos.

Oye -rompo el silencio, con la voz medio ronca- nomás para saber... ¿cuántos meses me quedan de libertad antes de convertirme en un esclavo de pañales?

Ella suelta una risa entre dientes, sin voltearme a ver.

Idiota -murmura, pero ya se está riendo-

Yo sigo, porque la neta, ahora me sale natural.

Porque si me vas a tener secuestrado, mínimo avísame para aprovechar mis últimos días como hombre libre -añado, con dramatismo fingido, echándome para atrás- ya me vi, cantando en los palenques con la pañalera al hombro y el portabebé colgando

Ella ya se ríe sin disimulo.

¡Cállate, tarado! -me dice, entre risas, dándome un golpe con la almohada- no mames, qué dramático

No es drama, morra -respondo, dándome aires de víctima- es la cruda verdad, ya me imagino: Buenas noches, Hermosillo, ¿Alguien trae pomada para rozaduras? Porque yo sí

Ella carcajea, tapándose la cara.

¡Qué oso! -grita entre risas- qué vergüenza que seas así, cabrón, qué vergüenza

Yo la miro, sonriendo, sintiendo cómo todo el miedo de hace rato se va diluyendo.

Ah, pero bien que me elegiste para el desmadrito -le guiño un ojo, divertido- esto ya es tu culpa también, regia

Ella me revira los ojos, riendo, pero con esa sonrisa que le sale cuando por fin se siente segura.

Ni te emociones -me dice, haciéndose la ruda- yo me voy a encargar de todo, tú solo vas a estar ahí para estorbar y tomarte fotos diciendo "soy el mejor papá del mundo"

Yo me echo a reír.

Perfecto, morra, tú mandas, pero eso sí... si sale igual de terca que tú, que quede claro desde ahorita que no fue mi culpa -ella me ve, levantando una ceja-

Ah, claro... ¿y si sale con tu genio de cabrón? -me reí fuerte, porque ya la escucho más ligera, más ella-

Entonces nos jodimos todos, regia -le guiño un ojo, acercándome- pero al menos vamos a estar jodidos... juntos

Ella sonríe, ahora sí con esa ternura que me mata.

Sí, juntos -susurra, apoyando la frente en la mía-

Y ahí, entre risas, bromas malas y promesas medio disfrazadas, me doy cuenta de algo, ya estoy dentro de esto, hasta el fondo.

Y, aunque me cague el miedo... no quiero estar en ningún otro lugar.


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Amanecí con una pinche energía que ni yo me explico.

Yo, que usualmente soy el rey del "ya al rato vemos", hoy me siento como si me hubiera tomado cinco cafés, con las manos sudadas de la emoción.

Luna; Peso PlumaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora