32. Confirmado.

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Narrador omnisciente

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Paola sigue sentada en el banquito del baño, temblando, las pruebas en la mano, el temporizador ya sonó, pero ella no se atreve a ver, respira agitada, con las manos frías.

Desde afuera, los tres siguen esperando, pero ya en silencio, nerviosos, de pronto, la puerta se entreabre apenas, y se escucha la voz bajita, casi quebrada, de Paola.

Gabriel... -dice con voz temblorosa, apenas audible-

Él se levanta de inmediato, mientras Rivaldo y Jorge se quedan viendo entre ellos, tensos.

Aquí estoy, regia -dice serio, con calma-

¿Puedes...? ¿Puedes entrar tú? -dijo sin abrir del todo la puerta, con un hilito de voz- no... no puedo ver sola

Gabriel asiente sin decir nada, su rostro cambia por completo, entra con suavidad, cerrando la puerta detrás de él, Rivaldo y Jorge contienen el aliento afuera.

Dentro del baño, Paola sigue en el banquito, con los ojos llorosos, las pruebas sobre el lavabo.

Gabriel se arrodilla frente a ella, a su altura, con un gesto suave, muy protector.

¿Segura, regia? -pregunta en voz baja, con ternura- ¿De verdad quieres que lo vea yo primero?

Paola asiente, sin poder hablar, con las lágrimas ya cayendo.

Gabriel, con delicadeza, le acomoda el cabello detrás de la oreja y le aprieta la mano con cariño, dándole un pequeño apretón de apoyo.

Luego se levanta despacio, toma las pruebas con sus manos grandes y respira profundo. Hay un silencio denso, pesado.

Él mira el resultado, su expresión cambia en cámara lenta: primero neutral, luego se queda quieto, procesando, y al final sus ojos se suavizan con una mezcla de sorpresa y compasión profunda.

Paola, con la voz quebrada, apenas susurra desde el banquito, sin mirarlo.

¿Qué dice, Gabo? -pregunta ella temblando, sin aire-

Gabriel no responde de inmediato, deja las pruebas sobre el lavabo con cuidado, se arrodilla de nuevo frente a ella y le toma el rostro entre las manos con toda la ternura del mundo.

La mira directo a los ojos, con una sonrisa chiquita pero llena de comprensión.

Positivo, regia -dice con voz suave, firme y sin rodeos-

Paola se queda congelada, sus labios tiemblan, los ojos se le inundan de lágrimas, se cubre la boca, como si no pudiera creerlo, Gabriel no dice nada más, simplemente la abraza fuerte, muy fuerte, como un hermano mayor protegiéndola del mundo entero.

Ella rompe en llanto silencioso en su hombro, mientras él la sostiene sin soltarla.

Tranquila, aquí estoy, no estás sola, Paola, no lo vas a estar nunca -le susurra, con calma, mientras la abraza-

Ellos dos abrazados en el baño, en total silencio, mientras afuera Rivaldo y Jorge esperan sin saber que, en ese momento, todo cambió.

La puerta del baño se abre despacio, Gabriel sale primero, serio, con cara de que algo muy grande acaba de pasar, Rivaldo y Jorge se levantan de inmediato, con los ojos como platos.

¿Qué onda? ¿Sí o no...? -pregunta Rivaldo nervioso-

Gabriel no responde aún, solo les hace una seña con la mano para que esperen.

Luna; Peso PlumaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora