35. Mudarse.

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Hassan Kabande

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No dejo de darle vueltas, Paola, el bebé, nosotros.

La idea de pedirle que viva conmigo me taladra desde que supe la noticia, quiero tenerla cerca, quiero saber que está bien, que no le falta nada... pero al mismo tiempo me da miedo que lo tome mal, que piense que quiero imponerle algo, Paola no es de las que aceptan órdenes, eso lo aprendí desde el primer día.

Lo hablé con Tito en el balcón y aunque se burla de mí, me conoce demasiado bien, me dijo que si de verdad quiero que esté conmigo, no es cuestión de "moverla" como si fuera una cosa, tiene razón, ella necesita decidir, no que yo decida por los dos.

Pero es que me puede el miedo, miedo a que piense que no me importa y claro que me importa, chingado, me importa más que cualquier cosa.

Antes yo era otro, Tito tiene razón: el Hassan de antes ya estaría pensando en cómo salir corriendo, cómo esquivar el compromiso. 

Pero ahora... ahora no me imagino en otro lugar que no sea con ella y aunque el embarazo no estaba en mis planes, aunque no lo buscamos, no hay parte de mí que quiera darle la espalda.

Lo que tengo que hacer es simple, aunque a mí me parezca un mundo: hablar con ella, decirle lo que siento, lo que quiero y esperar que me deje estar ahí. 

Porque sí, quiero que viva conmigo, quiero despertarme y verla, quiero saber que si se siente mal, estoy a un pasillo de distancia, quiero acompañarla en esto.

Respiro hondo, cierro los ojos, lo que no puedo permitir es que crea que la quiero cerca por obligación, si se viene conmigo, será porque ambos lo decidimos.

Y si no... pues no me muevo de su lado de todas formas.

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Tenía el celular en la mano desde hacía una hora, mirando la pantalla como si eso fuera a darme respuestas. 

En Los Ángeles el reloj marcaba casi medianoche, pero sabía que allá en Sonora todavía no era tan tarde, Paola me había mandado un mensaje hace rato con un "ya llegué" después de una junta con Gabriel. 

Todo normal, todo bien y yo aquí, con el corazón a mil, pensando cómo demonios decirle lo que llevo días pensando.

La videollamada conecta y aparece ella, despeinada, con cara de cansancio, pero hermosa como siempre.

¿Todo bien, Hassan? -me dice, arqueando una ceja- traes cara de que vas a soltar un sermón

No es sermón -trago saliva y sonrío nervioso- bueno... tantito sí

A ver, suéltalo -ella se ríe, esa risa que me deshace-

Paola... -respiro hondo- no quiero que pienses que es por obligación, ni que quiero controlarte, pero... yo necesito que estés conmigo, aquí, en Los Ángeles o que me dejes estar allá contigo, en Guadalajara o en Sonora, donde sea, no quiero que hagamos esto a distancia

¿Quieres que me mude contigo? -ella abre mucho los ojos y se queda callada unos segundos-

Quiero que lo pensemos juntos -respondo rápido, con miedo de sonar intenso- no puedo con la idea de que estés allá sola, que si te sientes mal no pueda hacer nada más que llamarte, yo quiero estar... Paola, quiero estar en todo

No es cualquier cosa, Hassan -suspira y me mira fijo- mi vida, mi trabajo, todo está aquí, no puedo nada más decir "me voy a Los Ángeles porque mi novio me lo pide"

Luna; Peso PlumaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora