36. Hogar.

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Paola De Los Santos

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Esa noche, mientras doblaba ropa y trataba de organizar la maleta (porque obvio Hassan iba a llegar a Guadalajara en dos días y yo no tenía ni la mitad lista), le conté lo que había pasado con Gabo.

Al final, ya no se lo tomó tan mal -le dije por videollamada, acomodando el teléfono sobre una pila de jeans- me dijo que me desea lo mejor, que siempre voy a tener un lugar en su casa y que... bueno, que quiere ser el padrino del bebé -Hassan arqueó una ceja, en plan "¿perdón?"-

¿Padrino? -repitió cruzándose de brazos-

Ay, Hassan, lo dijo en buena onda -yo solté una risita- ya sabes cómo es Gabo

Sí, sí, sé cómo es -murmuró él, apretando la mandíbula con una sonrisa fingida- bien metiche, bien encantador y bien pegado a ti

¿Te pones celoso de Gabriel? -rodé los ojos, conteniendo la risa- en serio... él es como mi hermano, no empieces

No estoy celoso -mintió descaradamente- nomás digo que me da risa cómo todos los vatos alrededor de ti se pelean por tenerte cerca

Ajá, y tú no te peleaste, ¿verdad? -lo piqué con tono burlón, Hassan se rió rendido-

Bueno, a mí me salió bien, me gané mudanza y todo -guiñó su ojo-

Y un bebé, no se te olvide -le dije levantando una ceja-

Exacto, por eso no me relajo -respondió, medio riendo, medio serio- nomás prométeme que si ese tal "padrino" se pasa de protector, me avisas

Te juro que Gabo no haría nada -dije entre risas, aunque por dentro me daba ternura que se pusiera así- pero si quieres, le digo que no te quite el título de "papá del año"

Ah, no, ese sí no lo suelto -contestó, guiñándome un ojo- ni el de esposo, por si las dudas

Y ahí estábamos otra vez, riéndonos como si no hubiera distancia, como si las bromas taparan el miedo que ambos teníamos, pero entre líneas, se sentía claro: Hassan no solo quería formar parte de mi vida, quería cuidarme, a su manera, medio celoso, medio dulce, pero siempre sincero.

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Cuando el chofer abrió la puerta del coche, tuve que tomar aire, no porque fuera la primera vez que veía a Hassan en semanas, sino porque la casa frente a mí parecía sacada de una revista, blanca, moderna, con ventanales gigantes y una fuente en la entrada que hacía un ruido relajante y un poco intimidante, la verdad.

Hassan estaba esperándome afuera, apoyado en el marco de la puerta, con lentes oscuros y esa sonrisa de "ya sabía que te iba a impresionar".

Bienvenida a tu casa, señora manager del año -dijo abriendo los brazos-

Yo solté una risa nerviosa y lo abracé fuerte, sintiendo el olor a su perfume, esa mezcla de maderas y algo dulce que siempre me deja tonta.

Esto... no es una casa, Hassan, esto es una mansión -dije boquiabierta-

Nah, exageras -contestó, guiándome adentro- nomás tiene un poquito de espacio

Un poquito de espacio, claro, dos salas, una cocina más grande que todo mi antiguo departamento en Londres y un ventanal con vista a la alberca, no supe si reír o llorar.

¿Dónde se supone que voy a trabajar aquí? -pregunté medio riendo- siento que si dejo un post-it en la mesa, me lo van a enmarcar -Hassan se echó a reír-

Luna; Peso PlumaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora