«Él no era mío, pero me seguía a todas partes.»
Jenesis, como su nombre lo indica, fue el comienzo de algo, de todo. Una vez que probé su dulce esencia, supe que no habría marcha atrás. La obsesión se apoderó de mí con una fuerza implacable.
Ella s...
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—Bueno... es mejor que me vaya a dormir.–le digo a Luna.
—Si... yo también voy a dormir.
La abrazo antes de irme, son las diez de la noche, no muy tarde pero si no quiero que me deje el tren mañana es mejor irme a dormir.
Entro a mi dormitorio y me extraña que este oscuro, juro deje la luz encendida. Mi instinto se pone en alerta, algo anda mal, no deje así mi habitación.
Entonces cuando estoy por darme la vuelta para regresar con Luna, una gran mano cubre mi boca, pegándome a un pecho duro y firme, el miedo me inunda y comienzo a retorcerme.
—¡Mhmm!
—Callate.–suelta mi atacante en amenaza con esa misma voz que ya es conocida para mí.
Siento miedo, pero el retorcido placer que siento junto a él no se hace esperar. Él no debe saberlo, asi que sigo luchando. Siento la punta de su varita contra mi delicado cuello antes de escucharlo murmurar:
—Desmaius.
Entonces todo se vuelve negro.
...
Mis párpados son pesados, me cuesta mucho abrirlos, ¿que mierda sucede? Cuando logro por fin abrir los ojos, mi visión es borrosa, parpadeando varias veces logro enfocar la vista.
No es mi habitación, es lo primero que noto, hay un delicioso olor muy peculiar, menta y perfume caro. Hay adornos que por supuesto son carismos, hay un poco de ropa negra en una silla cerca de una puerta que creo saber debería ser el armario.
Frente a la cama donde me encuentro, hay un espejo de cuerpo completo, donde puedo ver mi reflejo. Entonces es cuando caigo en cuenta, de que estoy desnuda.
Joder.
No solo desnuda, también estoy atada a la cama.
Tiro de mis ataduras, pero es inútil, el nudo no es normal, por lo que puedo darme cuenta fue conjurado con un hechizo, mierda.
Mi corazón se acelera al sentirme vulnerable y expuesta. Tengo que encontrar la manera de salir de aquí, vuelvo a tirar de las ataduras en un estupido intento de aflojarlas.
Me quedo helada cuando siento la presencia de alguien.
—¿Por qué tan desesperada, cosita?–pregunta con voz ronca, que me hace estremecer de placer–. Creí que te gustaba esto.
Lleva la máscara de nuevo, bien, asi es como debe de ser, no lleva camisa solo unos pantalones de algodón, esta buenísimo, sus músculos no son tan prominentes pero no me disgusta es perfecto. No contesto simplemente lo miro, ya me vio desnuda pero una cosa fue en un aula oscura y ahora en lo que se es su habitación, con tanta iluminación.
Realmente deseo cubrirne pero mis extremidades están atadas.
—Prepare esta noche solo para tí, pequeña.–prosigue, acercándose a la cama–. Se que gusta, aunque lo niegues, no me importaría si luchas solo me pone mas duro.