«Él no era mío, pero me seguía a todas partes.»
Jenesis, como su nombre lo indica, fue el comienzo de algo, de todo. Una vez que probé su dulce esencia, supe que no habría marcha atrás. La obsesión se apoderó de mí con una fuerza implacable.
Ella s...
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(Leer con Leave the Club de Don Toliver de fondo)
Año 1999. Un año despues de la batalla de Hogwarts.
No volví a ver a Draco desde que termino la guerra y Harry termino por fin con Lord Voldemort. Aún me duele que Draco haya preferido los principios de sus padres antes que a nosotros.
Yo ni si quiera lo hubiera dudado en enfrentar a mis padres para que lo aceptaran porque en el fondo de mi corazón yo siempre creí que él era bueno, tal vez me equivoque.
Si te digo que estoy bien la respuesta seria mentira, caí en depresión porque la guerra se llevó a muchas personas inocentes que dejaron vacíos en mi corazón, como a Fred, como a Tonks y Remus...
Y por... Draco, claro.
Mi madre sugirió que fuera a un psicólogo, si, uno muggle, no me importa he estado familiarizada con esa otra parte de mi vida, la que no tiene nada que ver con el mundo mágico así que no me opuse.
Pero si te soy sincera, no siento que este ayudando mucho. Y creo que mis padres se han dado cuenta porque me la paso en la cama, como justo en este momento.
No he hecho nada de mi vida, no he buscado una profesión, y ya casi no hablo con Luna, ella ya a hecho algo con su vida se a convertido en una magizoologa y estoy feliz por ella.
Pero aun así la extraño y mucho, aunque nos enviamos cartas y creo que tambien es lo que me a mantenido a flote.
Alguien toca a mi puerta.
—Pase.
Mis padres entran, mamá con una gran sonrisa y papá también pero con una más misteriosa.
—¿Que?-pregunto con desconfianza.
—Tu padre te tiene un relago.—suelta mi madre muy emocionada.
—¡Selene! Calla.
—Lo siento, lo siento.
Sonrio un poco.
—¿Que pasa?
Papá saca de detrás suyo, no me habia dado cuenta que tenía las manos detrás de su espalda y en ella trae una pequeña bola de pelos.
—¿Es... un perrito?—pregunto con emoción.
—¡Si! Creí que te gustaria.—me dice papá y me lo da y lo tomo en mis manos, el perrito lame mi pulgar, es tan pequeñito apenas le van creciendo los dientes.
—¡Es hermoso!
—¿Como lo llamaras?—pregunta mi madre.
Lo pienso un momento, y sonrió.
—Max.
—Es un nombre muy bonito, él sera tu protector.
Papá me da un beso en la sien y se van dejándome con Max. Creo que... me han dado a Max para que tenga algo con lo que ocuparme, ahora esta pequeña bola de pelos depende de mi.