Desde hace un tiempo, un joven le ha pedido a Karin pequeños trabajos fuera de su oficio como prostituta. La constante cooperación, ha hecho que ella se enamore de él, aunque sabe que difícilmente alguien se enamoraría de ella. Sin embargo, nace una...
Lamento mucho la tardanza, pero ya estoy con las actualizaciones.
Debo decir que este capítulo en particular, ha sido uno de mis favoritos, no sólo de la historia, sino de entre muchos que he escrito de varias historias, por lo que espero, puedan darme su opinión en los comentarios n.n
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Sasuke aceptó mi petición. Pidió varios pastelillos, más de los que imaginé, y de una gran variedad. Luego, emprendimos el regreso a casa.
En el carruaje, mantuve la mirada en mis manos sobre el regazo, debatiéndome internamente sobre si debía insinuarle, aunque fuera de forma discreta, qué había significado toda aquella actuación... si acaso había sido sólo eso.
Por desgracia, mi debate interno no me permitió notar que él miraba discretamente por la ventana del carruaje con una sonrisa apenas visible, pero que delataba satisfacción. Lo que habría respondido mis dudas de inmediato.
—Si las cosas continúan así, Danzou morderá el anzuelo muy pronto —murmuró, pero yo estaba lo suficientemente cerca para oírlo, así que volteé a verlo.
En ese momento, él cerraba la cortina y se enderezaba en el asiento satisfecho.
—¿Danzou estaba en alguno de los lugares que visitamos? —pregunté confundida, pues no recordaba haberlo visto. Sin embargo, eso fue suficiente para decepcionarme.
Ahí estaba mi respuesta.
—Él no, pero reconocí a algunos de sus lacayos. Parecían vigilarnos discretamente —me respondió aún con gesto satisfactorio— No tenía planeado ir a "La flor de té", pero se me ocurrió cuando sugeriste ir por algo dulce —decía como repasando los sucesos— En la mesa de al lado, estaba una pareja. El hombre es su mano derecha.
Y con ello, la esperanza de que hubiese un poco más entre nosotros se había esfumado.
—Qué buena suerte —dije con voz apagada.
—Buen trabajo —me dijo, y regresé la mirada a mis manos que arrugaban mi falda.
—Sí...
—¿Qué pasa? —me preguntó.
—Nada... Sólo estoy cansada —mentí y no me atreví a mirarlo— Es la primera vez que paso tanto tiempo en la calle —no podía evitar seguir hablando tratando de justificarme— Y las compras son agotadoras.
—¿No te gusta ir de compras? —me preguntó extrañado.
—No es eso. Es sólo que... No acostumbro salir mucho —tardé en completar la oración.
—Mientras mis padres no estén en la ciudad, saldremos más seguido —ahora él tardó en hablar— Descansa y aliméntate bien para que puedas seguir el ritmo.