El poder de elegir

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Me impuse una regla cuando decidí que quería enamorarlo: no le daría  mi cuerpo hasta que él me lo pidiera

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Me impuse una regla cuando decidí que quería enamorarlo: no le daría mi cuerpo hasta que él me lo pidiera. No obstante, esa noche sería la excepción.

El plan original era responder que sólo quise adornar el lugar. Quería que él recordara la noche de las gardenias para que buscara mis caricias, pero ver su reacción al señalarme las ventajas de quedarme por el contrato y hablarle de mi dignidad robada... haría algo diferente.

Caminé hasta la mesita de noche, tomé la rosa blanca que estaba por abrirse y volví hacia Sasuke.

—Tengo una petición que hacerte si no estás muy enojado —me acerqué la rosa para olerla. No recibí respuesta— Pero si lo estás, podemos dejarlo para un mejor momento.

—¿Qué petición? —su tono era duro.

—Cuándo, dónde, cómo, con quién... Nunca tuve la oportunidad de elegir nada de eso para mí primera vez —dije sin esconder mi enfado— Si pudiera borrarlo de mi memoria, esa y las veces que le precedieron, lo haría sin dudarlo —lo vi apretar la mandíbula y yo suavicé mi tono— Pero hoy puedo elegir gracias a ti, y elijo darte mi virginidad a ti... De forma simbólica. Si aceptas.

Le ofrecí la rosa de mi mano.

Él no pudo ocultar su confusión.

—Mi petición es que esta noche finjas para mí. Quiero pretender que hoy es mi primera vez —miré la rosa con melancolía— Hoy no quiero ser Lycoris, tampoco Karin Furimuku. Sólo quiero ser Karin Uzumaki eligiendo...

"A mí amado", quise decir, pero no me atreví a articularlo frente a él.

Quizá él ya lo intuía, o tal vez no, pero mi corazón no estaba preparado para una respuesta a esa declaración. No importaba que era consciente de que las probabilidades estaban en mi contra.

Hubo silencio entre ambos y yo no me atrevía a levantar el rostro, pues una parte de mi me reprochaba por haber hecho esa petición.

No la pensé demasiado cuando se me ocurrió, y mientras esperaba la respuesta, repasé mis propias palabras y me sonaron absurdas.

¿Por qué Sasuke se prestaría a jugar un juego sin sentido? ¿Por qué querría a una amante que fingiera inexperiencia? ¿Se complacería si quiera un poco?

Me di media vuelta.

—Olvídalo. Fue una locura que...

—Nunca he estado con una doncella —sus palabras me detuvieron— Podría ser tan imbécil como cualquiera.

No volteé a verlo y me quedé pensando: que una mujer llegara virgen al matrimonio en nuestra sociedad era el ideal, pero la realidad podría no adaptarse al deseo colectivo. Al menos no en todos los estratos.

En las altas esferas la virginidad de una señorita de su círculo sólo podía perder la doncellez con su esposo, de lo contrario, y si era descubierta, sería rechazada por su familia y sus iguales.

Peligrosos deseosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora