Hiedra

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¡Saludos, queridos lectores!

Como ya había comentado previamente en un par de historias, en septiembre no hice actualizaciones por problemas personales. Sin embargo, no he podido terminar con todos mis pendientes. Dicho esto, lamento decir que lo que resta de octubre, seguiré inconsistente con las actualizaciones, pero espero que para principios de noviembre o mediados, ya pueda recuperar mi ritmo.

Pese a las complicaciones, no he dejado de escribir, es sólo que no he podido dedicarla mucho tiempo, ni tiempo a subir lo que tengo.

Hoy subiré algunos de los capítulos que tengo listos, y quizá, la próxima semana haga más actualizaciones.

Lamento mucho estas pausas con las actualizaciones, pero cuando vuelva, les tendré una pequeña sorpresa.

Sin más, los dejo con la actualización de esta historia.

Pasaron dos días sin noticias de Sasuke, sin que regresara a la casa ni enviara mensaje alguno

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Pasaron dos días sin noticias de Sasuke, sin que regresara a la casa ni enviara mensaje alguno.

No pregunté por él y nadie me dijo nada. Y aún si todo parecía normal, sentía que la casa estaba en silencio, como si esperara que yo tomara una decisión.

Quise ahogar mis pensamientos centrándome en repasar el libro de mi madre, pero cuando menos me lo esperaba, volvía a preguntarme qué hacer.

Intenté obligarme a traducir el libro de mi madre para hacer una versión en español, pero las preguntas sobre si sería lo correcto, me llevaron a las mismas cuestiones que intentaba evadir:

¿Quedarme un poco más, aunque doliera? ¿O marcharme antes de que doliera más?

Sabía que necesitaba una respuesta antes de que Sasuke volviera, pero huía de ella porque en el fondo, era consciente de lo que sería mejor para mí y no estaba preparada para aceptarlo. Porque si lo hacía, ya no había vuelta atrás.

Me levanté del escritorio para seguir leyendo mientras caminaba aún sabiendo que no podría concentrarme, pero me sentía tan inquieta que sentía que si me quedaba quieta, no podría contenerme.

Al andar de un lado a otro por el despacho, hojeaba el catálogo de plantas con distracción pidiéndole a mi madre ayuda para decir qué hacer, pero se me escapó de las manos.

Sobresaltada, me quise apresurar a levantarlo. Sin embargo, me detuve cuando vi que el libro se había abierto en una página que mostraba la ilustración de la hiedra.

En el Fuego, en sus guías de significado de las flores, la hiedra representaba la fidelidad, la amistad y el matrimonio, sin embargo, en el uso, era poco apreciada más allá del ornamento debido a que era tóxica. No obstante, mi madre tenía otra visión de esa planta.

Ella no sólo la usaba para crear medicinas para enfermedades respiratorias y problemas de la piel, sino que pude recordar cuando ella la dibujaba en la guía, que me decía que tenía que ser como la hiedra: crece donde quiere y llega a lugares que otras plantas no pueden.

Peligrosos deseosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora