El adiós de los Dursley

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El Potterverso es de Rowling


Dudley y Fiona acompañan a sus dos hijos mayores a la estación de King's Cross.

— Bueno, ahora ya sabéis lo que tenéis que hacer cuando entréis en el andén. Entrar al tren. — les va diciendo Fiona a medida que van avanzando.

— Sí, mamá. — responden los dos niños con desgana, hartos de oír a sus padres diciéndoles lo mismo desde ayer.

— Tendréis que buscar los vagones de la casa de Slytherin. Si no los encontráis, preguntadlo a los prefectos.

— Sí, papá. Para eso están. — le contesta Benjamin.

— Cada uno de septiembre estoy nerviosa. Tengo miedo de que os ocurra algo entre que os despedimos y subís al tren. Nosotros no podemos entrar al andén... — susurra Fiona triste.

— Tranquila, mamá. No nos pasará nada. Iremos directos al tren. Es complicado ver al tío Harry y a la tía Ginny con tanta gente. — les tranquiliza Kenneth.

— Bien. Mandadnos una carta por la noche. Aunque solo sea una frase de "Estamos en Hogwarts".

— Sí, mamá. — responde Benjamin.

— Comprad golosinas en el tren para mí. — les pide Edelweiss, su hermana pequeña.

— Sí, Eddy. ¿Cuál quieres? — le pregunta Kenneth.

— Ranas de chocolate y ratones de azúcar.

— Bien. La verdad es que las ranas de chocolate son muy guais. — cuenta Benjamin. — Aparecen muchos magos famosos y podemos cambiar los cromos como si fueran cromos muggles.

— Solo falta el álbum para la colección. Los magos no saben hacer colecciones. — se queja Kenneth.

Finalmente, llegan al muro del andén nueve y tres cuartos. Están un montón de padres muggles despidiéndose de sus hijos magos. Los reconocen porque llevan el mismo carro del tren que sus hijos donde están los baúles y sus mascotas. Entre ellas, las jaulas con las lechuzas.

— Pasadlo muy bien este año y mandad muchas cartas. — les pide Dudley a sus dos hijos.

— Sí, papá. — Benjamin y Kenneth lo abrazan.

— Recordad portaros bien y estudiad mucho. Comed pescado, fruta y verdura. No todo tiene que ser comida basura. — les pide su madre.

— Sí, mamá. — responden y la abrazan.

— Recordad traerme mis chuches. — les pide Edelweiss.

— Que sí, enana.

Ambos niños entran en el andén y sus padres se abrazan mientras observan como sus hijos se van.

— Ahora tenemos que ir a ver si llegan tus abuelos. Nosotros tenemos que estar en el trabajo a las doce. — Fiona mira su reloj.

— Vamos.

Los Dursley dan la mano a su hija y van al andén donde vendrá el tren que llega de Oxford.

— Iré a dar un paseo por Londres con los abuelos Knight. — dice la niña contenta.

— Cuando terminemos el trabajo, iremos a tomar el té todos juntos. — expresa Fiona en voz alta deseando ver a sus tíos de nuevo.

En realidad, los Knight no son los abuelos de los Dursley. Son los tíos de Fiona, que se hicieron cargo de ella y de su hermano tras la muerte de sus padres en un accidente de tráfico. Por eso, tanto los hijos de Fiona como los de Edgar aman a los Knight como si fueran sus abuelos.


Este capítulo ocurre en el mismo día que el de drabbles anteriores 19 años después.

Sé que aparecen muchos parentescos sobre personajes originales. Lo cual puede resultar confuso. Estoy escribiendo la historia de amor entre Dudley y Fiona titulada El apellido Dursley se une al mundo mágico. Quizás allí se lea con más claridad los parentescos de la familia de Fiona.

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Hasta la próxima

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