Capítulo 36: Menos humana.

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Notas: finalmente aquí está el capítulo con el que iniciamos oficialmente con el nuevo arco, y con ello el time skip de un año. Hiro y Makima ya tienen 15 años wuu.

Espero no tener muchos inconvenientes para hacer este arco, creo que si todo sale bien, este arco debería durar al menos 12 capítulos de entre 8- y 12k palabras.

Les parece bien? Claro siempre pueden haber modificaciones a lo largo del camino pero esa es la visión general que tengo ahora mismo, está sujeto a cambios básicamente.

En fin, dejémonos de mamadas y finalmente comencemos con esto.

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Desde que Satomi tenía memoria, su vida no había sido más que tranquila, feliz y memorable.

Su padre siempre volvía del trabajo a las seis de la noche justo a tiempo para comer la deliciosa cena que su madre tenía lista. Los cinco días de la semana eran así, Satomi se había acostumbrado tanto a esta rutina que ya era algo entrañable por todos los hermosos recuerdos que tenía de ella misma corriendo cuando escuchaba la puerta abrirse y recibía a su padre con un fuerte abrazo de bienvenida.

Él y ella reirían de felicidad y ambos se preguntarían mutuamente qué hicieron en todo el día; su padre era buen hombre, de un momento a otro había logrado encontrar una buena estabilidad entre su vida laboral y su familia, por eso las noches para Satomi estaban llenas de buenos recuerdos, porque su padre le dedicaba todo su tiempo para jugar con ella. Conforme pasaban los años la rutina se modificó un poco pero su padre aún estaba presente, conversaban sobre cualquier tema interesante que habían visto en la tele o en el periódico, con el fin de crear más momentos en familia.

Para ella él fue... El mejor padre del mundo.

¿Y qué decir de su madre?

A pesar de que ella era ama de casa, le enseñó muchas cosas a Satomi. Cosas fundamentales como cocinar para que en el futuro ella no viviera solo de sopas instantáneas, a tejer por si algún día se quedaba sin ropa o simplemente quería algo nuevo sin gastar de más, y también fue ella quien se encargó de enseñarle a leer. Satomi aún podía recordar momentos exactos donde su madre se esforzaba por tener mucha paciencia mientras ella misma se esforzaba por combinar cosas que al principio creía que eran garabatos, pero con el tiempo entendió que eran simples vocales o letras qué se podían combinar con otras y así crear las palabras que ella decía en el día a día.

Gracias a la paciencia de su madre, Satomi se volvió alguien muy diligente con sus estudios. Se volvió la favorita de sus maestros a una temprana edad, sus notas siempre fueron las mejores al final de cada ciclo escolar, y todo gracias a su madre quien le enseñó la importancia del trabajo duro y la responsabilidad para tener una vida plena y sin preocupaciones.

Su madre fue un poco más estricta que su padre, pero no menos cálida a la hora de demostrar afecto hacia su única hija. Para Satomi, su madre fue un ángel al que siempre podría acudir cuando se sentía insegura, y también fue como una maestra que la ayudaría a entender el libro de la vida.

Para ella fue... La mejor madre del mundo.

Más de una vez sus padres le habían dicho que la amaban con todo su corazón, y que no podrían estar más orgullosos de ella y de cómo sin importar lo que pasara en el futuro, ellos la apoyarían con todas sus decisiones. Era fácil pensar eso, ya que Satomi tenía una gran vida por delante.

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