Capítulo 33: Que lindo es ser joven.

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"¿Supongo que esto significa que ya no tengo que colarme en tu apartamento todas las noches solo para verte?" Makima preguntó inocentemente mientras estaba sentada de lado en el regazo de Hiro. Ambos se habían pasado a una silla para quedar más cómodos, aunque Makima no tenía intenciones de separarse de él.

Hiro se rio un poco sin importarle la posición en la que se encontraban "Así es, Kishibe finalmente consiguió un auto nuevo y podemos hacer nuestra rutina de siempre otra vez"

La expresión de Makima se mantuvo igual por afuera, pero por dentro se empezó a irritar cuando él mencionó a Kishibe y su estúpida mentira. Aún puede recordar la furia que la invadió cuando él le reveló que había tenido un auto tan solo una semana después del ataque del demonio pistola, Dios, era como si ese tipo tuviera una pegatina que dijera 'Golpeame' pegada en la cara, porque él siempre le daba una razón más para intentar matarlo a golpes.

"¿Volviste aquí sin ningún inconveniente verdad?" Hiro preguntó inquisitivo apoyando su cabeza en el hombro de Makima.

"Ah..." varios recuerdos de lo que sucedió anoche pasaron por la cabeza de Makima, la paliza que le dio a Kishibe tanto con sus disparos como con sus propios puños... Pero también le vinieron los momentos en los que él casi la mata.

Su cuello se empezó a sentir incómodo, recordando la sensación de su mano asfixiando su cuello hasta el punto en que ella probablemente habría muerto por falta de aire.

No, si Kishibe lo hubiera querido le hubiera roto el cuello en ese momento, solo en el caso de que no quisiera usar su espada. Al recordar eso Makima tuvo la increíble necesidad de sostener su muñeca derecha, un leve eco del dolor y ardor que sintió en el momento en que Kishibe le cortó la mano aún estaba clavado en su mente.

Cuando volvió aquí revisó con más detalle su mano, y había quedado como si nada hubiera pasado, el demonio que Kishibe usó en ella tenía unas habilidades curativas impresionantes, no era de extrañar que él haya sobrevivido por tantos años en Seguridad Pública.

Aún así, Makima nunca se había sentido más humillada en su vida, no solo porque fue ella la que recibió la mayor parte de las palizas, sino porque el bastardo de Kishibe se apiadó de ella al final. Hubiera preferido morir a tener que recurrir a la sucia compasión de ese imbécil.

Pero por otro lado...

... Si no fuera por él... Ella no estaría aquí con Hiro.

Eso solo enfureció más a Makima, no quería encontrar una razón para agradecerle a Kishibe, la idea misma casi la hizo vomitar.

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