El patio de la primaria estaba lleno de ruido y movimiento debido a que la hora del recreo había llegado. Niños corriendo de aquí para allá, maestras platicando entre sí disfrutando del tiempo sin niños y niñas platicando de alguna serie infantil. Todos en su burbuja.
En la cancha principal de la escuela se encontraba una Natasha de apenas seis años jugando fútbol con sus compañeritos de salón. Tenía una coleta revuelta y el uniforme escolar desalineado.
A unos pocos metros de distancia, Wanda caminaba platicando animadamente con su grupo de amigas y su hermano mayor. Su cabello estaba recogido en dos coletas perfectas y con el uniforme planchado impecablemente. Parecía que el desorden del recreo no era de su agrado y mucho menos parte de ella.
Para Nat, Wanda era demasiado creída y siempre sentía que se sentía superior a otros solo por siempre parecer tan pulcra e inteligente.
Para Wandis, Natasha era un niña tonta que solo pensaba en ensuciarse.
Por eso, ninguna de las dos se dirigía la palabra a menos que fuera realmente necesario.
No se odiaban, pero tampoco eran las mejores amigas. Solo se... Toleraban.
Natasha no solía jugar de delantera, normalmente era portera porque era de las pocas niñas que no lloraba cuando un balón le pegaba en alguna parte del cuerpo. Sin embargo, este era un día importante ya que estaba jugando con ellos el mejor portero de toda la primaria, Tony, por lo que Natasha no tuvo más remedio que jugar en otra posición para no ser mandada a "la banca", que en realidad era el suelo a los lados de la cancha donde los niños que no jugaban tan bien solían sentarse a mirar los partidos improvisados.
Natasha se preparó para su tiro decisivo, estaba lista para que por fin pudiera meterle un gol a Tony y demostrar que ella era mejor que él, pero el niño de 8 años le hizo una mueca retadora a la menor y esta se desconcentró, por lo que pateó mal y aquello hizo que su balón, en lugar de ir hacia la portería, desviara su camino a otro lado de la cancha.
Wanda ya se había sentado a comer el desayuno que su mamá le había mandado con tanto amor. Sus amigas y ella estaban sentadas comiendo cuando, de pronto, un balón impactó contra la cabeza de Wanda.
Wanda se detuvo en seco, su sándwich cayó al suelo y sus coletas bien peinadas se soltaron un poco. Se giró hacia la cancha con el rostro fruncido en un puchero y pudo adivinar que la que había peteado aquel balón era Natasha. Sentía sus lágrimas a punto de salir a pesar de lo mucho que quería evitarlo.
Los niños que jugaban con Natasha se quedaron inmóviles y las amigas que comían con Wanda se quedaron con la boca abierta, todos tan congelados como un cubito de hielo.
En medio del silencio sepulcral que se originó debido al golpe, la menor le dedicó una mirada fulminante a la mayor.
Wanda llevó la mano a su cabeza. El puchero que se formó en su boca era un intento desesperado para no llorar al frente de todos, pero sin que ella pudiera controlarlo, una lágrima baj,ó por su mejilla. Sentía el dolor en su cabeza y ahora en su corazón debido a la vergüenza que le daba que alguien tan tonta como Natasha la viera así.
Sin decir nada, se levantó de donde estaba sentada, arregló su uniforme y empezó a caminar rápido rumbo a los baños alejándose de su grupo y del de aquella rubia tonta. Al entrar, buscó un rincón donde nadie pueda encontrarla, se metió a un cubículo, se sentó en el inodoro y subió los pies para que en caso de que alguien entrara, no la viera.
Finalmente, dejó rodar las lágrimas libremente por sus mejillas y su respiración se entrecortó.
Natasha, por su parte, se quedó parada en el cancha, sintiendo una punzada creciente de culpa en el pecho. No solo por el balonazo, sino por la vulnerabilidad que había visto en el rostro de Wanda. Vio cómo la más bajita se alejaba del patio escolar y, sin pensarlo dos veces, corrió siguiendo los pasos de la contraria.
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OS Wandanat
RomancePequeñas historias alegres, tristes y sensuales sobre mis mamás Wanda y Natasha. No tienen alguna correlación entre os y os. Gracias por leerme <3
