22.- Before Sunset

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Salir de la cama fue horrible, pero la idea de quedarme y sucumbir al dolor parecía una sentencia de locura.

-Me sorprendió que me pidieras acompañarme-Caroline me miró nerviosa-, ya sabes tú deberías...

-¿Organizar un funeral?-pregunté peleando con las lagrimas-. Ni siquiera sé si habrá un funeral, quizas solo lo reporte como desaparecido, no quiero un montón de extraños mirándome con lastima, no quiero tener que llamar a mis abuelos y decirles que su único hijo ha fallecido.

Mi voz se rompió al final y Caroline sostuvo mi hombro.

-Lo que decidas estará bien-ella me aseguró con suavidad-, solo iba a decir que deberías tomarte las cosas con calma.

-Lo hago-aseguré-, de no hacerlo, me habría marchado del pueblo.

Caroline iba a decir algo pero un ruido extraño la interrumpió y ambas nos detuvimos sin encontrar nada, debía ser un estudiante que había olvidado algo.

-Solo, no dudes en llamarme si necesitas algo ¿Está bien?-me pidió y yo solo asentí entrando al gimnasio donde nos encontramos a una rubia desaparecida-¿Donde está Matt?

-No vino-Rebeckah respondió botando algunas decoraciones al cesto de basura-, tenía que trabajar de ultima hora.

-¿Estás bromeando?-Caroline preguntó-¿Solo seremos 3?

-Sí, y llegas tarde-ella reprochó-, la limpieza empezó a las 8.

-Son las 8:02.

-Exacto, yo llegué a tiempo y no pude venir al baile que yo organicé.

-Si te sirve de algo, fue un asco-dije tomando los restos de serpentina sobre la mesa-. Por cierto, lamento lo de tu mamá.

-Y yo lamento lo de tu padre-me miró con pena-. Se veía gentil.

-Lo era-asentí y la tristeza amenazó con abordarme-. Como sea, empecemos con esto.

-Yo me encargo del gimnasio-ella nos dijo y yo asentí tomando los vasos plásticos que estaban en el suelo, hasta que el estruendo en los casilleros nos hizo salir al pasillo.

Caroline reaccionó primero, yo no podría aunque hubiera querido ¿Como podría? El Shock de ver a mi padre sujetando a Rebeckah me mantuvo inerte en el suelo.

-¡No!-exclamé al ver a Caroline clavar la estaca de roble blanco en el pecho de mi padre.

Pero aquello no pareció afectarle, pues él se arrancó la estaca como si fuera nada, quizas eso era para él. Nada.

Caroline sostuvo mi mano para salir corriendo de ahí. Llegamos al auto y Caroline llegó primero, yo me detuve a medio camino sintiendo su presencia tras de mi.

-Papá...

Él sostuvo mi rostro acariciando mi mejilla.

-¡Ciara!

El grito de Caroline fue lo último que escuché antes del crujido de mi cuello y todo se volvió negro.

●●●


Fue el ardor en mis labios, manos y pies lo que me despertó, justo el aire que cortaba mi garganta como vidrio en polvo ahogándome con cada respiro.

-Buenos días, cariño.

Había escuchado aquella frase todas las mañanas desde que tenía uso de razón, siempre acompañado de un beso en la frente y el aroma de café recien hecho.

Pero esta vez no hubo beso, ni siquiera suavidad mucho menos aroma a café solo repulsión, dolor y el aroma a verbena calando dentro de mi.

Abrí los ojos sintiendo las lagrimas atropellarce en mis ojos. Miré mis manos, clavadas al pupitre con lápices, mis pies atados a las patas de la silla y mi boca cubierta por un paño húmedo de verbena.

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