dieciseis

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El coche se detuvo frente a la casa con un leve tirón y, durante unos segundos, nadie dijo nada

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El coche se detuvo frente a la casa con un leve tirón y, durante unos segundos, nadie dijo nada. Deva seguía con el cinturón puesto, mirando la fachada como si fuera a moverse de sitio si la observaba lo suficiente. Tenía las manos entrelazadas sobre el regazo y las uñas ligeramente clavadas en la piel, un gesto que solo le salía cuando estaba realmente nerviosa.

—Bueno... ya hemos llegado —dijo Merinel con suavidad desde el asiento delantero, mirándola por el retrovisor—. ¿Estás bien, cariño?

Deva asintió, aunque no del todo convencida.
—Sí. Bueno. Creo —respondió, forzando una pequeña sonrisa.

Leni, sentada a su lado, la miró de reojo y rodó los ojos con cariño.
—Relájate, Dev. Es un cumpleaños de un niño, no una final olímpica —bromeó—. Además, Lamine te adora. Eso se nota a kilómetros.

—No es eso... —murmuró Deva—. Es que... es su familia. Y con todo lo que ha pasado estos días...

Su padre, desde adelante, la miro por el espejo retrovisor.
—Vas a estar bien. Sé tú, como siempre. Eso es más que suficiente.

Deva respiró hondo y, por fin, se desabrochó el cinturón. Al abrir la puerta, el aire fresco de la tarde de Barcelona le acarició la cara. Aún así, el nudo en el estómago seguía ahí.

Caminaron juntos hasta la entrada. La casa estaba decorada con globos de colores y, desde dentro, se escuchaban risas y música infantil. Antes de que nadie pudiera tocar el timbre, la puerta se abrió.

—¡Deva!

La voz de Lamine salió antes que él mismo. Apareció en el marco de la puerta con una sonrisa enorme, vestido de forma sencilla, pero con ese brillo en los ojos que a ella siempre le calmaba todo.

En cuanto lo vio, algo dentro de Deva se aflojó. Como si el ruido de su cabeza se apagara de golpe.

—Hola... —alcanzó a decir.

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⏰ Última actualización: Jan 09 ⏰

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IGUAL QUE UN ANGEL; Lamine YamalHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora