La secta Gusu Lan siempre se ha distinguido por ser una de las sectas mas importantes , su lema "se justo" sustentado en los principios de Lan An, ha regido a muchas generaciones de grandes ciltivadores. Al encontrarse en la parte superior de una mo...
Luego de concluida la extensa Conferencia de Discusión en Qinghe, un silencio pesado volvió a asentarse de forma gradual sobre la Fortaleza de Qinghe. Lan Feihua aprovechó el momento en que la mayoría de los diplomáticos y sirvientes se retiraban a sus aposentos para caminar en soledad por los largos y fríos pasillos de piedra. Si bien la capital de la secta Nie no poseía la elegancia poética ni la simetría bucólica del Receso de las Nubes, ella encontraba una belleza singular e inquebrantable en esa estética rústica. Las murallas eran imponentes fortalezas de metal, granito y roca sólida, diseñadas para resistir los embates del tiempo y las guerras. Cada piedra labrada respiraba la disciplina severa de la familia Nie.
A lo lejos, observó a la comitiva de los Jin. Se retiraban con su habitual pompa y ostentación, rodeados de telas amarillas, bordados dorados y un séquito que parecía excesivo para la ocasión. Se marchaban sin haber sufrido ninguna pérdida política real, pero tampoco con algún beneficio destacable, algo que a todas luces no mantenía satisfecho a su líder. Más adelante, apoyado ligeramente cerca de un pilar de piedra tallada, se encontraba el joven Meng Yao. La mano derecha de Nie Mingjue permanecía completamente inmóvil, observando con una mirada indescifrable el avance de la comitiva. Específicamente, sus ojos estaban fijos en Jin Guangshan, el líder de la secta Jin.
Si la memoria de Feihua no fallaba, Meng Yao era hijo ilegítimo del líder de la secta Jin, nacido de una cortesana de un burdel muy concurrido en Yunmeng. A ella no le sorprendía en absoluto el descaro de Jin Guangshan; de un hombre con esa reputación se esperaba que tuviera hijos regados por todo el mundo de la cultivación sin asumir jamás la menor responsabilidad. Sin embargo, Meng Yao era un caso único por dos motivos fundamentales. El primero era un capricho cruel del destino: había nacido exactamente el mismo día que Jin Zixuan, el legítimo heredero de la flor de peonía. El segundo motivo era que poseía una inteligencia deslumbrante y una perspicacia táctica tan aguda que le habían permitido abrirse camino en el estricto mundo de la cultivación por sí solo, ascendiendo hasta convertirse en un oficial indispensable en Qinghe Nie.
Sin embargo, Feihua veía mucho más allá del pulido profesionalismo del joven. Notaba en Meng Yao a alguien enormemente capaz, pero lastimado por circunstancias trágicas que nunca estuvieron en sus manos controlar. Aquello le había generado un complejo de inferioridad latente, disfrazado bajo sonrisas serviciales, y una desgarradora necesidad de reconocimiento por parte de un padre que ni siquiera se dignaba a mirarlo.
Feihua caminó despacio hacia él. Las suelas de sus calzados hicieron resonar con elegancia un eco suave sobre la piedra fría. Al notar la proximidad de la Madam Lan, Meng Yao parpadeó rápidamente, cambió su expresión a una de amable serenidad y se giró para hacer una reverencia impecable, sin un solo error de etiqueta.
Feihua miró en la misma dirección por donde los carruajes dorados terminaban de desaparecer tras los portones de la fortaleza y habló con voz calma — Es importante no confundir el brillo con el valor, joven Meng. El oro brilla, pero el carbón conoce el fuego. Hay quienes nacen rodeados de oro y quienes deben atravesar la oscuridad, la presión y el calor. Porque mientras unos heredan su valor por el simple azar de su cuna, otros lo forjan con dolor hasta convertirse en diamante. Pero un diamante jamás debe olvidar a quien creyó en su valor cuando nadie más veía más que un trozo de carbón. —
Meng Yao la miró con ligera sorpresa. Las palabras parecieron congelarlo por un instante, obligándolo a asimilar el peso de cada sílaba. Entendió perfectamente el mensaje implícito: Nie Mingjue había sido el único hombre con el carácter suficiente para ver su verdadera valía y darle una oportunidad cuando todo el resto del mundo solo veía "carbón" inservible o una mancha en la reputación de una gran casa.
Con una segunda reverencia, esta vez mucho más profunda y sincera, Meng Yao respondió con un tono apagado por la emoción — Las palabras de la Madam Fei quedarán grabadas en mi corazón para siempre.—
Feihua volvió la cara hacia él. Sus ojos oscuros lo observaron con una mezcla de firmeza e instinto protector. — Es crucial que las recuerde, Joven Meng. El potencial de una mente brillante se puede ver mermado o destruido por completo si nos empeñamos en buscar la aprobación de gente que no nos merece. —
Ella hizo una breve pausa antes de continuar. — La gente como nosotros tenía todo para perder desde el momento en que llegamos al mundo y, aun así, al igual que la flor de loto, logramos emerger desde el fango más denso. Yo soy la hija de un apostador arruinado; usted, el hijo de una cortesana.
Al escuchar esa palabra pronunciada con tanta franqueza, Meng Yao se encogió instintivamente. Un ligero estremecimiento recorrió sus hombros. Odiaba profundamente cuando los demás le recordaban su origen, pues casi siempre era usado como una navaja para humillarlo y degradarlo. — No debe avergonzarse en absoluto de dónde proviene — continuó Feihua, deteniendo cualquier pensamiento oscuro antes de que echara raíces. — Glorifique el nombre y la memoria de su madre, porque a pesar de todas las dificultades y la miseria, logró criarlo y convertirlo en un hombre educado y sabio. Quien se atreva a intentar humillarlo a usted por el trabajo de ella o por las decisiones de otros es, en realidad, un ser despreciable y carente de elegancia.—
Ella se inclinó ligeramente hacia él y bajó el tono de voz, dejando escapar una pequeña sonrisa — Además, si le soy completamente honesta, es infinitamente más humillante ser parte de una estirpe tan vacía como la del líder Jin, que ser el hijo de una mujer que luchó con uñas y dientes para protegerlo.—
Meng Yao parpadeó, completamente desconcertado por la audacia de la declaración, pero sintió cómo un peso invisible se aligeraba de golpe en su pecho. Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa genuina y no ensayada se dibujó en su rostro. — Gracias, Madam Fei. Tendré muy en consideración sus palabras.—
— Que tenga un buen día, Joven Meng. Cuide bien del líder Nie.—
— Igualmente, Madam Fei. Disfrute lo que resta de su estadía en Qinghe.—
Feihua se dio la vuelta y continuó su caminata por los pasillos de roca, dejando a Meng Yao parado bajo el arco de piedra, observando sus propias manos pensando en las palabras de la mujer.
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Regrese y vengo con todo..... Pasaron muchas cosas pero lo más importante es que ya terminé la historia
Y la segunda es que ya no estoy desempleada jajaja
Ustedes saben si público todo de una vez o hago publicación diaria ✨