LA AZÚCAR

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El sol naciente se elevaba lentamente sobre los picos nevados de Gusu, tiñendo el cielo con tonos suaves de carmesí y violeta. Era una mañana inusualmente tranquila en el Receso de las Nubes.

El aire fresco de la montaña traía consigo el aroma del pino y la niebla recién disipada. Los primeros rayos del sol apenas se asomaban por detrás de las cordilleras y caían en un ángulo perfecto sobre el imponente muro de roca lisa que bordeaba la entrada principal, donde estaban grabadas las más de cuatro mil reglas del clan Lan.

Con el primer toque de la campana matutina, los estudiantes y cultivadores empezaron a salir de sus cabañas de madera para dirigirse ordenadamente al comedor principal. Entre el mar uniforme de vestimentas blancas y cintas de frente que flotaban con serenidad, destacaba una figura de túnicas completamente oscuras. Caminaba arrastrando los pies, con la cabeza gacha y los ojos entreabiertos, pareciendo un auténtico cadáver andante que se negaba a despertar por completo.

Prácticamente guiando a este individuo para evitar que chocara contra los pilares o tropezara con los escalones de piedra se encontraba el joven maestro Lan Wangji. Sosteniendo con delicadeza el codo de la figura oscura, corregía sutilmente su trayectoria con una paciencia infinita.

-Lan Zhan... sabes perfectamente que odio levantarme tan temprano... -murmuró Wei Ying, dejando caer ligeramente el peso de su frente contra el hombro del segundo joven maestro Lan. -Las reglas de tu clan son una tortura diseñada para matar a la gente de sueño. Todavía ni siquiera sale el sol del todo

- Wei Ying, debes comer - respondió Lan Wangji con voz pausada y grave, sin mostrar la menor molestia por el contacto corporal.

Al escuchar la respuesta seria de su compañero, Wei Wuxian se detuvo en seco, se frotó los ojos y alzó la mirada. Puso una mueca dramática y lo miró con ojos de cachorro abandonado, entrecerrando los labios en un puchero exagerado que habría derretido a cualquiera.

El corazón del joven Lan se exaltó de inmediato ante la visión. Su postura rígida flaqueó por un segundo y suspiró levemente, cediendo sin poder evitarlo -Cuando termines de comer... puedes ir al Jingshi a dormir un poco más -

Los ojos de Wei Ying se iluminaron al instante, recuperando toda la energía que le faltaba hace unos segundos.
-¡Lan Zhan, eres el ángel más salvador de este mundo! Sabía que no tendrías corazón para ver a tu querido Wei Ying sufrir de...-

-En realidad, cuando terminen de comer, lo que van a hacer es empacar sus cosas inmediatamente para ir a Qishan. Porque tienen trabajo pendiente que atender, jovencitos -interrumpió con voz divertida la figura de Lan Feihua, quien emergía de un sendero lateral caminando codo a codo junto a Lan Qiren.

Acompañándolos con paso firme pero curioso se encontraba el pequeño Lan Yang, de apenas ocho años cumplimos. Portaba sus túnicas blancas impecables y la cinta de la secta en la frente con mucho orgullo, sosteniendo una pequeña espada de madera en su cintura.

-¡Tíos! -exclamó Wei Ying llevándose una mano al pecho en gesto de falsa conmoción.

-Yo no soy tu tío, pequeño revoltoso -regañó suavemente Lan Qiren, ajustándose la manga de la túnica mientras le dirigía una mirada estricta, aunque sin un toque real de enfado.

-Aún no soy formalmente su sobrino, Tío, pero falta muy poco para que lo sea. ¿Verdad que sí, Lan Zhan? -sonrió pícaramente Wei Ying, dándole un codazo juguetón en las costillas a Wangji.

-Mn -asintió Lan Wangji sin vacilar un solo segundo, manteniendo la mirada fija en el rostro de Wei Wuxian.

Lan Yang dio un paso al frente, mirando a Wei Wuxian con los brazos cruzados y las cejas ligeramente fruncidas, imitando de forma adorable la postura de Lan Qiren. -Hermano Wei, no deberías hacer que mi padre suspire tan temprano en la mañana. Además, ¡debes comer adecuadamente si vas a salir a una misión y vencer a la gente mala! -

-¡A-Yang! -exclamó Wei Ying con una sonrisa amplia, agachándose para alborotarle el cabello al niño, haciendo que este protestara suavemente mientras intentaba acomodarse la cinta de la frente - Mira qué maduro te has vuelto. Con tan solo ocho años ya eres el pequeño guardián del tío Qiren. -

Lan Qiren carraspeó, ocultando una leve sonrisa de satisfacción al ver a su hijo adoptivo defender el orden familiar.

-Lan Yang tiene razón. Debes comportarte con más sobriedad, Wei Wuxian - añadió Qiren con tono pausado.

Lan Feihua se abanicó suavemente la cara con la mano, sonriendo con burla ante la dinámica familiar. -Solo espero que no se les ocurra fugarse a casarse en algún templo perdido en medio de la nada mientras estén en Qishan. Creo que muchos líderes de secta y la mitad de Gusu estarían profundamente decepcionados por perderse la boda del siglo.-

-¡No se preocupen por eso! Mi Lan Zhan se merece la mejor y más deslumbrante boda que exista en este mundo. Nadie va a privarlo de eso -declaró Wei Ying alzando la barbilla con orgullo.

-Tú también te la mereces, Wei Ying -le respondió Lan Zhan en tono bajo, mirándolo con una devoción tan clara que hizo que hasta el mismo Wei Wuxian sintiera una ligera calidez subirle por las mejillas.

-Demasiada azúcar para tan temprano en la mañana. Es casi un atentado contra la salud pública del Receso de las Nubes, ¿no crees, A-Yang? -dijo Feihua guiñándole un ojo a su hijo.

-Sí, madre. Demaciado dulce, da empacho de solo verlos -asintió el niño haciendo expresion de asco, provocando las carcajadas de Wei Wuxian.

-Vayan a comer ya -concluyó Feihua divertida-, que tienen una larga misión por delante.

-Vayan a comer ya -concluyó Feihua divertida-, que tienen una larga misión por delante

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