Al llegar a casa, el ambiente se sentía distinto.
No dije nada al principio, pero era imposible no notarlo. Había más personal de seguridad.
Cámaras nuevas en la entrada.
Un vehículo estacionado frente a la propiedad que antes no estaba ahí.
-Solo por seguridad.
Fue lo único que dijo Steven cuando cuestioné los cambios. Su tono era neutro. Demasiado neutro.
Los días siguientes, los niños no se separaban de mí. Se aferraban a mi ropa, a mis manos, a mi presencia como si temieran que también yo pudiera desaparecer.
Una tarde, con esa seriedad que solo los niños adquieren cuando el miedo les roba la inocencia, preguntaron si yo también me iría como su papá.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Los abracé, intentando calmarlos, pero la pregunta se quedó clavada en mi pecho.
Pensé, por un instante, si sería buena idea decirles que había alguien más... alguien que podría estar presente en sus vidas. No para sustituir a nadie. Jamás. Pero sí para acompañarlos.
Y entonces llegaron los fantasmas.
Imágenes absurdas, crueles, donde me los arrebataban.
Donde volvía a quedarme sola.
Donde mis decisiones destruían todo.
Dudé.
Dudé demasiado.
***
Al quinto día del accidente, Sesshomaru regresó.
Y con él, una decisión ya tomada.
Quería que me fuera a Japón.
La excusa era sólida, casi lógica: debía mudarse por tiempo indefinido y le preocupaba dejarnos solos. Decía que allá podría estar más pendiente de nosotros, que se sentiría más tranquilo si estábamos cerca.
Tenía sentido.
Pero yo los escuchaba.
Y sabía.
Sabía que algo me ocultaban. Que había conversaciones que se detenían cuando yo entraba en la habitación.
Que había miradas que se intercambiaban en silencio.
Los cuestioné más de una vez.
Exigí la verdad.
Pero tanto Steven como Sesshomaru repetían lo mismo: era por tranquilidad, por protección, por bienestar.
Nada más.
Y fue entonces cuando empecé a sentir miedo.
No de Japón.
De Londres.
De que ya no fuera seguro.
De que mi hogar empezara a sentirse ajeno.
De que los secretos comenzaran a pesar más que las paredes.
Tras semanas de insistencia, acepté.
Pero puse una condición: no me presionarían.
Nos iríamos, sí. Pero yo marcaría el ritmo.
Porque si algo me aterraba ahora, no era solo Londres... era también Japón. Era enfrentar lo que fui. La niña que huyó por miedo a quedarse sola. La que creyó que amar significaba perder sus alas. La que abandonó todo antes de luchar.
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Canon (18+)
FanfictionPorque Shingeki no kyojin es más real de lo que parece.... Mikasa Ackerman, actriz que ha estado desde muy pequeña en la obra SNK, mantiene una relación romántica en secreto con Reiner Braun. Apesar de esta relación secreta, Levi los descubre, pero...
