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No pude dormir.

¿Cómo hacerlo? Pieck me había confesado la verdad y, de golpe, un abismo de posibilidades y secretos se abría ante mí.

Siempre creí que Levi la había aceptado en su vida. Verla rondando a su alrededor en todo momento y hasta encontrarlos en situaciones que me hacen asquearme, me hizo fabricar mil escenarios tortuosos, cuando, en realidad, ella jamás fue la dueña de su historia.

Soy una estúpida. Ella tenía razón: lo único que sé hacer bien es lastimar a los demás. Le hice daño a mis hijos, a William... a Levi. Soy la única culpable de toda esta tragedia que nos envuelve, y me desgarra el alma darme cuenta, al fin, de la magnitud de mis errores.

¿Por qué tuve que huir de sus brazos? ¿Por qué corrí como una cobarde? He arruinado la vida de todos los que amo y es algo que jamás me podré perdonar.

La madrugada me alcanzó envuelta entre sábanas húmedas por mi propio llanto.

Caminé como un fantasma hasta la habitación de mis hijos. Los observé dormir en medio de la penumbra y les pedí perdón en silencio, tragándome las lágrimas más amargas de mi vida. Sé que me faltará tiempo en este mundo para expiar mi culpa; les arrebaté a su padre, les robé la oportunidad de tener una vida plena, protegidos por el hombre que debió estar a su lado.

Y cerrando los ojos, pensé en William y dentro de mí, traté de llamarlo.

"William..., sé que fuiste un refugio para ellos, un padre que sustituyó al hombre que yo me negué a dejar entrar. Y tú lo sabías. Conocías mis secretos, mis miedos y lo equivocada que estaba. Trataste de advertirme sin lastimarme, intentaste guiarlos para que los niños entendieran que su verdadero padre jamás tuvo la culpa de su ausencia... pero, al final, la única que esparció dolor fui yo. Esta culpa me está devorando viva.
William, por favor. Sé que te pido demasiado desde donde estés, pero dame fuerzas. Guíame en medio de esta oscuridad para hacer lo correcto."

Salí de la habitación tan sigilosamente como entré, arrastrando mi miseria.

Me dirigí al despacho de Sesshomaru y, para mi sorpresa, la luz ya estaba encendida.

Estaba trabajando.

-¿Qué haces despierto tan temprano? -pregunté desde el umbral, desconcertada, pues lo había escuchado llegar a casa apenas unas horas atrás.

-Tenía que enviar unos documentos a la sede de Nueva York -murmuró sin apartar la vista de la pantalla, con el sonido de las teclas llenando el silencio.

Cuando di media vuelta, dispuesta a dejarlo a solas con su trabajo, su voz me detuvo. Era inevitable. El misterio y la tensión de lo ocurrido anoche lo habían dejado inquieto, tanto o más que a mí.

Se levantó de su silla, se acercó y me tomó suavemente de la mano, obligándome a entrar y a tomar asiento a su lado. Su mirada, siempre tan analítica, se clavó en la mía.

-¿Lloraste? -preguntó. Asentí lentamente. Era inútil ocultarlo, lo llevaba escrito en la hinchazón de mis ojos-. ¿Qué sucede?

Suspiré, sintiendo el peso del mundo sobre mis hombros. Estoy cansada. No por la falta de sueño, sino de huir. Estoy agotada de todo lo que ha pasado, de esta red de mentiras y silencios que yo misma tejí, y, para ser sincera, ni yo misma sé por dónde empezar a desenredarla.

-Necesito arreglar todo, Sesshomaru, y no sé por dónde empezar.

Me mira intrigado mientras mantengo la mirada clavada en el piso, consumida por la derrota, por la humillación.

-¿Estás bien? -pregunta.

Su tono está cargado de preocupación, y lo entiendo; él solo me vio huir despavorida del lugar, pero ignora todo lo demás.

Canon (18+) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora