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3:55 a.m.

El sonido de un mensaje interrumpió el silencio de la madrugada.

Tardé unos segundos en reaccionar.

El cuarto estaba oscuro, apenas iluminado por la tenue luz de la ciudad filtrándose entre las cortinas.

Tomé el teléfono.

El informe era breve.

"Objetivo localizado. Anoche estuvo en un bar. Solo. Bebiendo. No hubo altercados."

Cerré los ojos un instante.

Imaginé sus nudillos aún marcados por los golpes de noches anteriores. Quizá el dolor físico lo había mantenido tranquilo esta vez.

Aun así, respondí que me mantuvieran informada.

Pensé que volvería a dormir.

No lo hice.

Minutos después llegó el segundo mensaje. El que terminó por despertarme por completo.

"Se quedó dormido en una banca de la vía pública."

Leí la frase dos veces.

¿Y por qué demonios no se va a su departamento?

El impulso, ese impulso estúpido que nunca logro controlar cuando se trata de él, me hizo levantarme de la cama.

No pensé.

No razoné.

Solo me vestí y salí.

Durante el trayecto recibí la ubicación exacta.

-¿Es lo único que hizo? ¿Beber y ahora dormir en la calle? -pregunté al hombre que lo vigilaba para mí un vez que lleguen con él.

-Así es, señora.

Nos encontramos a cierta distancia. Desde allí podía verlo.

Levi estaba recostado en una banca de una calle poco transitada, bajo la luz intermitente de un farol. La ciudad a esa hora era casi fantasmal. Sin tráfico. Sin voces. Solo el zumbido lejano de algún motor perdido.

Se veía... derrotado.

-Es increíble que este estúpido logre sacarme de mi casa y a estas horas... -murmuré.

-¿Disculpe?

-Nada. Puedes retirarte.

El hombre asintió y se marchó, dejándome sola en esa calle desierta.

Solo él y yo.

Me crucé de brazos.

-¿Y así conocerás a nuestros hijos? -susurré con amargura-. ¿Durmiendo borracho en la calle?

La ironía me supo amarga.

No podía acercarme.

No ahora. No en su estado. No como aquella vez en que deliraba y pude ocultarme tras la sombra.

Suspiré con frustración.

Tocará avisarle a esa víbora.

Saqué el teléfono y envié la ubicación a Pieck.

Esta vez respondió.

"No estoy en la ciudad."

-¡Maldita sea!

El reloj avanzaba.

No podía dejarlo allí.

Y tampoco podía acercarme.

Solo me quedaba una opción.

Marqué a Sesshomaru.

-¿Qué haces despierta? -respondió con voz calmada.

Canon (18+) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora