Cena para dos

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​CAPITULO 15


El olor a cera fresca y a sudor todavía flotaba en el ambiente mientras cruzábamos el umbral del gimnasio. Mis brazos se sentían como de plomo y me dolían las piernas tras haber estado fregando la pista durante más de una hora, pero la satisfacción en mi pecho compensaba todo el cansancio.

​Un demoledor 5 a 1 en tiros libres y mano a mano. Todavía podía ver la imagen del balón cruzando la red una y otra vez sobre la defensa de Kai, dejándolo completamente en ridículo en su propio terreno.

​-¿Ya pensaste qué cenarás? -preguntó Kai a mi lado.

​Su voz interrumpió mis pensamientos de victoria. Me detuve a mitad de las escaleras exteriores y lo miré de reojo, ajustándome la maleta deportiva al hombro.

​-No comeré contigo ni aunque me pagaran.

​-Soy un hombre que cumple su palabra, Davies -respondió él con esa calma exasperante, dándole un ajuste a su reloj como si todo estuviera bajo su control.

​-Sí, pero me conformo con haber limpiado el piso con tu estúpida derrota -le solté con una sonrisa llena de veneno-. Nos vemos mañana, mascapasto.

​Giré sobre mis talones dispuesto a dejarlo con la palabra en la boca y avanzar hacia la salida, pero justo en ese segundo, el aire dio un vuelco repentino. Un viento helado y violento nos golpeó de frente, trayendo consigo el olor denso de la tierra mojada. El cielo se volvió de un gris plomizo en cuestión de segundos y una gota enorme me cayó justo en el entrecejo, seguida por el retumbo pesado de un trueno.

​-Maldita sea... -murmuré, alzando la vista-. Puedo correr antes de que empiece a diluviar -añadí en voz alta, más para convencerme a mí mismo que a él, sabiendo que la parada de autobús quedaba a cinco minutos y mis piernas estaban destrozadas.

​-Buena suerte... si es que no te enfermas -soltó el pelinegro burlón.

​Sin darme tiempo a responder, sacó unas llaves del bolsillo y presionó un botón. A unos metros de distancia, en el aparcamiento casi vacío, los faros de un deportivo negro impecable parpadearon, cortando la penumbra. ¿Un auto? ¿Desde cuándo este idiota tenía un auto así? ¿No se supone que los hippies odian las cosas geniales y tecnológicas? Kai caminó hacia el coche sin volver a mirarme, abrió la puerta del conductor y se acomodó en el asiento. El motor rugió con un sonido grave y elegante justo cuando la lluvia comenzaba a caer a cántaros sobre mi cabeza.

​Oh, genial, esperaste a que el idiota se subiera al auto para llover. Maldecí al cielo, a las nubes y a Dios.

​Me quedé congelado bajo el agua, viendo cómo las gotas me empapaban la ropa en segundos. El orgullo me quemaba en la garganta, pero ver el auto a punto de avanzar y pensar en la caminata bajo la tormenta me hizo tragar veneno.

​Me acerqué a tropezones hacia la ventanilla del copiloto y la golpeé dos veces con los nudillos. Kai la bajó despacio, mirándome con una ceja alzada y esa expresión insoportable de tranquilidad.

​-¿En serio piensas dejarme aquí después de prácticamente rogarme para ir a comer? -le espeté; intenté desplegar mi mejor sonrisa aunque las comisuras de mis labios no dejaban de temblar. Debía controlarme para no insultarlo.

​Kai apoyó un brazo en el volante y me dedicó una sonrisa lenta, llena de burla; fueron los instantes más largos de mi vida.

​-Pensé que no comerías conmigo «ni aunque te pagaran».

​Apreté los dientes, sintiendo cómo el agua helada goteaba de mi cabello empapando mi rostro. La rabia me hervía por dentro, pero él tenía todas las de ganar.

FRIENDS (BOYSLOVE)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora