CAPITULO 14
Si algo me da buen augurio antes de un examen es empezar la mañana mal. Irónico, lo sé. Pero es una regla que conservo desde que comencé a competir en el equipo. Siempre que algo malo me sucedía antes de un evento importante, el evento terminaba saliendo de maravilla. Por eso, cuando hoy desperté y bebí la leche caducada, sintiendo cómo una ola de indigestión me atravesaba el estómago, y luego la camioneta no arrancó porque Amanda decidió irse sin despertarme, creí que al llegar a la prepa me dirían que el examen se había cancelado. Sin embargo, mi sonrisa se desvaneció al ver al director Chandler en la puerta, sonriendo como si se hubiera ganado la lotería.
-¿Cuáles son estas horas de llegar, joven Davies? ¿Está usted buscando ser castigado? -Su tono era una mezcla de sorpresa y alegría, pero la autoridad que intentaba proyectar se desvanecía ante su expresión casi simpática. A pesar de no ser tan mayor, tenía una risa que iluminaba la habitación, y, aunque quisiese parecer severo, había algo en él que resultaba indulgente con los rebeldes.
-Si le dijera que estuve encerrado en mi baño una hora por tomar leche caducada, ¿me creería? -Mostré mis ojos más arrepentidos, mientras frotaba mi estómago, que dolorosamente se quejaba. Era sincero, pero había que exagerar un poco.
-Claro que...
Pero por supuesto, la suerte no estaba de mi lado hoy. Un torbellino se detuvo a mi lado; sentí su mano posarse en mi hombro y su respiración agitada acariciar mi piel. Un aroma fresco y familiar llenó mi espacio personal, erizando mi piel.
-Lo... lo siento, rector, tuve indigestión esta mañana y...
Oh, ¡maldito y desgraciado Rivers!
☀️
Lo peor no fue el castigo de Chandler, o que me había ido de la peor forma posible en el examen, o la cara de risa del entrenador cuando el director mencionó nuestro castigo. Lo peor fue que dije la verdad y no me creyó. De todos los alumnos que existían en esa preparatoria, estaba maldecido, meado por todos los espíritus habidos, lleno de sal hasta las narices, al punto de que fui castigado con el mismísimo Rivers, y él parecía estar de lo más encantado.
-¿Eres masoquista? ¿O por qué disfrutas tanto de ser castigado?
-Aunque fuera un fetiche no estaría en el Rivers -Lucas se rió mientras guardaba los libros que había pedido en la biblioteca. Mi mala suerte se había convertido en la comidilla del día, pues no había estudiante que no hiciera un chiste al respecto.
-Has limpiado ese gimnasio más veces en el mes de las que has asistido a clases... pero mira el lado bueno -dijo, apoyándose en un estante. Había pasado días desde nuestra última charla en mi casa; no habíamos tocado el tema, pero lo conocía tan bien que, aunque yo no sugiriera nada, él ya tenía todo un sistema en mente.
-Es una oportunidad para que se hagan más amigos. No sé por qué, pero siento que Rivers esconde algo grande.
-¿Y si te equivocas?
El castaño levantó una ceja, pero luego su expresión se calmó con una sonrisa. -Yo nunca me equivoco.
Al salir al comedor, los murmullos y chistes nos rodearon, porque era de conocimiento público mi enemistad con Rivers. Nadie sabía aún de nuestra reconciliación, lo que no me molestaba; prefería que la gente pensara que las cosas no estaban bien entre nosotros. Una simple charla no cambia lo que la gente piensa. Pasamos junto a la mesa de unos chicos, y uno de ellos me saludó antes de gritar:
-¡Davies, no estarás destinado a Rivers!
Eso provocó que otros se animaran a bromear en voz alta. Fue una pasarela de bromas que escalaba de graciosas a incómodas hasta llegar a mi silla, donde Thomas parecía querer avivar la llama de los chistes, pero una simple mirada de Amanda bastó para callarlo. Algunos insinuaban que era mi nemesis predilecto; otros sugirieron que éramos como los coprotagonistas de alguna novela barata, y que solo nos faltaba pelear por la chica, sugiriendo quién podía ser la "afortunada". Y hubo quien lanzó la idea de un romance entre ambos, pero no logré ver quién fue. En ese momento, Lucas ya me había arrastrado por todo el lugar hasta mi asiento.
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FRIENDS (BOYSLOVE)
FanfictionSigue la caótica y agridulce relación entre Nicolás Davies, el popular capitán del equipo de baloncesto, y Kai Rivers, el ecologista rebelde que ha regresado al pueblo después de varios años. Aunque la enemistad entre ambos comenzó en la infancia, d...
