2. Amenazas y consejos.

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Tris

Abro mis ojos y me siento en la cama, me acuesto al instante cuando veo el montón de agujas en mis brazos. Volteo a mi izquierda y hay esta Uriah dormido y con la misma cantidad de agujas. Entro en pánico en cuestión de segundos.

-Uriah-mi voz es apenas un graznido. Trago saliva y lo intento de nuevo.-Uriah.

La puerta se abre de golpe y hay este de nuevo el hombre joven con una bata blanca y su sonrisa malévola. Se acerca al monitor que esta a mi lado y luego de teclear algo me mira.

-Me alegra que sigas viva, tu amigo comenzaba a aburrirse aquí.

-¿Quién eres y qué hacemos aquí?-acerca un silla al lado de la cama y me mira de forma extraña.

-Estas aquí porque he visto tu potencial como divergente, se de lo que eres capaz y necesito tu ayuda. Los humanos se han masacrado unos a otro, incluso en el experimento, yo quiero que tu y tu amigo me ayuden a encontrar la cura para las personas dañadas genéticamente...

-Eres un estúpido, yo nunca te ayudaré.¿Dañados genéticamente? Ja. El único dañado eres tu y cualquiera que este aquí y crea lo que tu dices.-digo interrumpiendo.

-Estas cegada por tus costumbres pero te aseguro que esto es por el bien de las personas, y especialmente por el bien de tu amigo Uriah, sé de buena fuente que es un chico excepcional y con muchos talentos, seria una pena que muriera por tu culpa.-su sonrisa a desaparecido y ahora tiene una mirada aterradora.

-No se te ocurra tocarlo.

-¿Y qué vas a hacer para impedirlo? Yo tengo a Uriah, tengo todo un ejercito de soldados esperando que des un paso fuera de aquí para disparte, tengo la ubicación de todos los que quieres, Tobías, Christina, Caleb y muchos más. Así que dime que piensas hacer.

-¿Dónde esta Tobías?¿Él esta aquí?

-No, no lo esta, pero sin duda se donde encontrarlo.

-No es la primera vez que tengo todo en mi contra. Así que voy a luchar hasta lograr irme. Además sé que si dañas a alguno de los que amo no voy a ayudarte así que los necesitas a todos con vida.-de pronto estallo en una risa seca y sin sentido del humor.

-¿Estás retandome?

-No puedes matarlos porque así te quedas sin recursos para chantajearme.

-Bien, ¿Porqué no vemos que piensa Uriah?- se levanto de la silla y fue al lado de Uriah. Abrió un cajón gigante que estaba debajo del monitor que cuida su ritmo cardiaco y saco una mascarilla.

-¿Qué haces?

-Si alguien inala monoxido de carbono, como esta a punto de hacer tu amigo Uriah, su sistema sanguíneo se queda sin oxigeno y comenzara a intoxicarse hasta dejarlo inconsciente, sin embrago como el ya esta inconsciente el monoxido tendrá un impacto directo en su cerebro y corazón que le causará la muerte.

-Estas mintiendo.-dije algo temerosa.

-Bien, vamos a ver si es cierto.-no estaba muy segura de mi ahora, coloco la mascarilla sobre Uriah.-Solo vamos a abrir un poco para ver que sucede.

Los primeros segundos no paso nada, sin embargo luego de dos minutos comenzó a respirar rápidamente y el monitor que media su frecuencia cardiaca comenzó a sonar como loco en señal del aumento. Trate de levantarme pero me di cuenta de que mi mano izquierda y mi pierna izquierda estaban atadas.

-BASTA, DETENTE. LO HARÉ.-grite como un acto desesperado. No podía dejar que Uriah sufriera y mucho menos que le pasara algo.

-Bien.-le arranco la mascara, sin embargo Uriah continuaba tosiendo y ahora su ritmo cardíaco descendía.

© Resurrección de los divergentesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora