Parte sin título 17

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Sorpresa – dijo mirando al frente. Tan misterioso como siempre. Llegamos a la ciudad y nos estacionamos. Martin me dijo que bajara y caminamos hacia un lugar que no esperaba. Mcdonald's. Wow. Reí y entramos al local. Avanzamos hacia el mesón y Martin pidió en italiano apuntando - ¿Qué quieres tú? – preguntó mirándome. La joven que atenía miraba a Martin con interés y yo me sentí afortunada de tenerlo a mi lado pidiendo comida. Mordí mi labio y apunté el cartel que mostraba una hamburguesa con queso y pepinillos, asintió y se lo pidió moviendo sus manos. Tan italiano. Cuando estaba listo, le entregaron las bolsas y caminamos de vuelta al auto.

Pensé que comeríamos ahí mismo – dije acomodándome en el asiento. Martin negó.

Acá es más privado – tragué despacio y mi aire salía entrecortadamente. El auto estaba estacionado, así que abrimos las bolsas para comer. El aroma hizo que mis tripas rugieran y mi mente volara. Por más que probara platos exóticos de Italia, seguiría amando la comida rápida. Martin se veía tan tierno con la hamburguesa en sus manos masticando lentamente. Lo miré con interés - ¿Qué pasa bella ragazza? – me ruboricé y reí.

Me gusta mirar como comes – dije sonriendo. Se giró y espero que comiera - ¿Qué? – pregunté.

Quiero verte comer- reímos y llevé el vaso de bebida a mi boca. Había silencio pero mucha comodidad – Quiero pedirte disculpas por lo que viste y escuchaste antes- dijo nervioso. Noté su incomodidad en la mirada y sonreí.

No te preocupes Martin, yo llegué en silencio – dije riendo – soy como un ratón – Martin comenzó a reír - ¿Cómo se dice ratón en italiano? – pregunté.

Topo – dijo sonriendo.

Bien, soy un topo – dije moviendo mi hamburguesa. Martin rió.

Tienes que decir '' Io sonno un topolino'' – me explicó. Asentí con la cabeza.

Io sonno un topolino – repetí. Reímos animadamente sin entender la razón.

Una ratoncita muy bonita y dulce- dijo observándome. Le dediqué una sonrisa tímida y acarició mi mano despacio. Lo miré a los ojos y en un movimiento fugaz, me sacó una papita frita. Reí – y muy despistada- burló.

Devuélvemela- dije riendo - esa papita es importante para mí – comenzó a reír y se acercó.

¿Qué pasa si te doy un beso a cambio? – preguntó con su toque coqueto y varonil. Alcé una ceja.

No tengo buen aliento, mi hamburguesa tiene pepinillos – dije con seriedad. Él sonrió.

¿Comiste pepinillos? Mujer perfecta – se acercó otra vez. Lo tenía muy cerca de mi rostro. Mi corazón corría. Me iba a acercar para recibir el beso, pero me engañó masticando mi hamburguesa que estaba en mi mano. Jodido e irresistible Martin. Comenzó a reír con ganas. Lo miré seria pero en mi interior, disfrutaba mucho verlo reír.

Eres un tonto porque te iba a besar- dejó de reír y ese fue mi turno para reventar a carcajadas. Terminamos de comer y yo seguía riendo. Partimos y cuando el semáforo estaba en rojo, Martin tomó mi rostro en un movimiento fugaz y besó mis labios con ternura. Otra vez, me dejó sin aliento. Calculó todo a la perfección porque cuando me dejó de besar, la luz se tornó a verde y siguió conduciendo. Yo iba en el asiento con las mejillas color fucsia y mi respiración muy acelerada. Quiso llevarme a pasear y así fue, caminamos por la ciudad y las plazas en la tibia noche. Nos reíamos de chistes muy absurdos y trataba de enseñarme frases completas en italiano. Volvimos a casa y fue mala idea. Una muy mala idea.

Entonces mis amigos me gritaban ''MARTIN, BAJA DE AHÍ'' y yo quería ser gracioso – me contaba Martin entre risas – y yo como idiota, me lancé y gracias al cielo, no pasó nada grave- reí.

Te encontré en Roma. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora