Avance por algunas salas del castillo. Entre ellas la cocina, los comedores y la sala principal, todo eso en la primera planta del castillo. El lugar era enorme y yo buscaba a una persona en específico. Subí las escaleras al segundo piso y empecé a explorar lo que había. El lugar era extraño. Las puertas se movían y cambiaban de lugar, otras simplemente desaparecían y aparecían otras nuevas, los pasillos cambiaban constantemente. Algunas veces las escaleras estaban justo al frente y otras veces tenías que avanzar por largos pasillos, por amplias salas y por puertas desconocidas. Así que, buscar algo ahí era complicado.
-¿Crees que su Majestad, el rey Zattos hizo lo correcto?-se escucharon guardias cerca de donde estaba. Entre en la puerta que había aparecido segundos antes frente a mi y pegue mi oreja a la puerta para continúar escuchando-.
-Sabes que no deberíamos cuestionar las decisiones de Zattos, es el más antiguo de todos. Son casi 3 siglos viviendo en este lugar, el sabe que es lo mejor.- se escuchaban pasos a la par que hablaban pero en ningún momento se escuchó alguna armadura, ningún ruido de metal chocando entre sí-.
-¿Que clase de guardias van sin armadura?- susurré para mi mismo y me di la vuelta con el fin de ver dónde estaba-.
Una habitación vacía. Sólo algunas ventanas y nada más. Revise una vez más si se acercaba alguien más quedandome en total silencio cerca de la puerta y, luego de unos momentos de no escuchar nada, salí de aquella habitación y seguí revisand lo que había en la segunda planta. Entre en varias habitaciones. Muchas de ellas vacías, otras con arcos y flechas con runas que tenían un brillo dorado, otras con lanzas, gabardinas, hachas, espadas y otros tipos de armas.
Salí de aquella habitación y avance a la tercera planta rápidamente, antes de que el pasillo cambiara, obviamente, cuidando el no encontrarme con ningún guardia, ya sabía lo que podían hacer pero era algo tan minúsculo que apenas y podía significar una pizca del poder y las habilidades de el Reino elfo. Revise muchas habitaciones que no eran más que recamaras, o simples almacenes de comida y pieles y tuve cuidado al hacerlo porque en algunas habían elfos durmiendo o guardias cuidando las entradas e, incluso, elfos contando todo lo que había.
-He escuchado que Hixas capturó a dos hombres en en bosque de Girjal.-otro guardia pero esta vez no se acercaban, así que me fui acercando yo a ellos-.
-Si, también escuche que eran algo extraños, con habilidades peculiares. Y hay rumores de que sólo mandaron a uno de ellos al coliseo a morir.
«¿Quien demonios es Hixas?» fueron palabras que llegaron a mi mente cuando intentaba pensar o enlazar los suceso que había vivido en este lugar, con tal de conseguir alguna respuesta a todo esto.
Ambos elfos siguieron su conversación de camino a las escaleras para subir al otro piso. Yo, como si fuera una rata o alguna peste, me escabulli hasta las escaleras y subí a la quinta planta, pensando únicamente «¿Que tan grande puede ser este lugar? ¿Quien es Hixa? ¿Como demonios conoce a Zam?»
Preguntas, preguntas y más preguntas que surcaban mi cabeza, cada una más complicada que la anterior y todas sin respuesta alguna. Lo cual, a mi parecer, le daban un poco más de emoción a este lugar.
Luego de avanzar por un largo pasillo y un gran salón, logre dar con las escaleras hacia el otro piso. Me acerqué a ellas sin problemas.
-No te muevas.- me quede tenso un momento, estaba atónito ¿de donde ha salido este? Si hace unos momentos este piso no era más que un pasillo y un salón. Cuando volví a mirar todo había cambiado y estaba lleno de distintas puertas-.
Me quede quieto justo frente a las escaleras mientras aquel hombre se acercaba. Tenía un arco que parecía una rama recién arrancada de un árbol y una flecha con runas y gravados que brillaban como el amanecer, todo eso apuntandome para en cualquier momento disparar y acabar con mi vida.
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La historia de la tormenta
Fantasy¿Que harías si perdieras todo? ¿Si no te quedará nada más que huir para mantenerte vivo? ¿Si pareciera que tu vida se acabo? Son preguntas que pocos se hacen pero que resuenan en mi cabeza cada noche de insomnio que pasa, quizá muchos piensan: "¿Hui...