Capítulo 14: Partiremos al amanecer

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-A ver si entendí. Los Ahen Skeilleg son diferentes de todos los demás elfos en tamaño, fuerza y poder. Son un grupo de elfos ancestrales que murieron en la gran guerra de Gea. -Exprese sentado de brazos cruzados. Ideando mi propio concepto-.

-Si, basicamente es así. -Dijo Zattos sentado en su trono. Observando mis reacciones con una expresión fría y calculadora-.

-Y están los Ahen Allen son los elfos comunes, los que son esclavos en muchos de los reinos humanos. -Rasque mi nuca con poco interés en lo que decia-.

-Exacto. -Su mirada seguía siendo la misma pero se había inclinado hacia nosotros-.

-Yo creía que todos los elfos eran iguales. -La voz de Zam rompió la tensión del ambiente. El simplemente miraba el techo y la sala del trono-.

Zattos y yo teníamos una batalla con la mirada. Cada uno esperando la reacción del otro, tratando de anticipar la respuesta o un movimiento del otro. Parecíamos Reyes jugando al ajedrez, un juego que era más que un simple entretenimiento, como si valiera la vida y el Reino del otro. Todo quedó así por unos minutos hasta que, con un suspiro, decidí romper el silencio y hacer todas las preguntas que tenía.

-Muy bien, ya nos diste una clase de historia elfica. Ahora, explícame ¿Cómo sabes mi nombre? Y ¿Qué es lo que quieres de nosotros? -Lo volví a mirar de forma desafiante. Esperando una de las respuestas que había pensado la noche anterior-.

-Se quien eres porque hace unos años atrás trajimos a una niña a nuestro Reino porque uno de nuestros hombres vio su talento con la Natura y su curiosidad por las runas y la magia. -Se detuvo un momento y sonrió con nostalgia-. La niña era muy talentosa y aprendía rápido todo acerca de magia y antiguas runas elficas de los Ahen Skeilleg, está fue creciendo y su belleza salió a flote. Su largo y rizado cabello castaño, su esbelta figura, su fino rostro, sus ojos color esmeralda...

-Por favor, ve al grano. Que estas revelando tu amor hacia esa joven. -Interrumpi su narración de los hechos de una manera áspera y poco sutil-.

-Podrías guardarte tus sentimientos ¿Sabes, Zattos? No es necesario que lo sepamos. -Corroboró Zam con enojo. Al parecer el ya sabía de quien estaba hablando el Rey Elfo y eso le molestaba-.

-Bueno, un día aquella joven fue enviada a hacer una encomienda cerca del territorio Icos y regreso actuando de forma extraña. Bastante diferente a cómo actuaba de forma regular. Tenía los ojos de diferentes colores. Como si ponemos un ojo tuyo, Yeit, y un ojo de tu amigo, Zam. Un ojo esmeralda y otro carmesí. Además de que su pelo cambiaba a color plata cuando se enojaba o cuando estaba muy distraída haciendo alguna runa o algún hechizo -su expresión cambio totalmente. Su semblante quedó serio y lleno de rabia-. Su potencial con la Natura aumento increíblemente. Todo parecía normal hasta que descubrimos que tenía la bendición de Geatheos.

-¿Que tengo yo que ver en todo esto? -Pregunté sin más, viendo como Zam permanecía en silencio con cara de querer matarlo-.

-En lo que tienes que ver, es que, esa niña vino de tu pueblo y estoy seguro que eran amigos, muy buenos amigos, porque los primeros años hablaba mucho de ti. -Su mirada rencorosa fue bastante notable-.

-Elizabeth ¿Cierto? ¿Donde está ella? -Dije buscándola con la mirada en toda la habitación-.

-Pensé que eras un poco más precavido en cuanto a tu entorno, Yeit. Ella...

-Esta justo detrás de nosotros.- hablo Zam luego de un largo tiempo de fulminar a Zattos con la mirada-.

Mire justo detrás de nosotros levantándome de la silla en la que estaba. Luego de unos instantes apareció en el aire un ojo verde como los míos y justo al lado un ojo rojo como la sangre. Los ojos se fueron acercando mientras yo miraba confundido la situacion, Zam seguía mirando a Zattos con odio y este le respondía de igual forma. Mientras los ojos se acercaban apareció una sonrisa justo debajo y se formó todo el cuerpo de Elizabeth ante mis ojos.

-Muy bien, no se como reaccionar a lo que acaba de pasar. ¿Ahora eres un yoguar y te camuflas en tu entorno? -Reí un poco al verla y extendi mis brazos para recibirla con un abrazo-.

-No, es sólo parte de algunos hechizos elficos y mi habilidad de controlar la Natura, tonto. -Su gran sonrisa me conmovio, tenía mucho tiempo sin verla y sin hablar con ella. Fue corriendo hacia mi y me abrazo-.

-Entonces ¿le sacaste un ojo a un elfo Ahen Skeilleg y te lo pusiste? -Aún seguíamos abrazados. Ninguno de los dos quería acabar con ese momento-.

-No, tonto, escuchaste toda la historia. ¿Tienes un retraso mental por la bendición de Aiotheos? -Dijo riendo y se separó de mi para sostener mi cara con sus manos-.

-Ya me conoces, esto viene desde antes. -Sonreí mirando a otro lado mientras ella seguía riendo-.

-Podrían dejar su reunión romántica para otro momento, nuestro amigo Zattos cada vez tiene más ganas de matar a Yeit y ni siquiera es un Tantus. -Interrupio Zam sonriendo burlonamente mirando a Zattos-.

-Zattos, tu amor escondido hacia Elizabeth ya no es tan secreto ¿Sabes? Ella no siente lo mismo por ti. Y el que nos llevemos bien no tiene que ver con que quieras matarme. -Deje a Elizabeth y me senté otra vez en la silla cruzandome de brazos-.

-¿Cuando te volviste tan mal hablado Yeit? -Sonrió tratando de ocultar su enojo-.

-No soy mal hablado, simplemente dije la verdad, Zattos. Ahora ¿Que quieres que haga con todo lo que me explicaste? -Dije sonriendo de forma irónica-.

-Quiero que vayan los tres al territorio Ios a llevarle un mensaje al Rey. Pero, como los Ios y los humanos aún siguen en guerra, tendrán que pasar sin que se den cuenta de su existencia y regresar aquí. Si lo logran cumpliré la petición de Zam y Elizabeth, ella se podrá ir con ustedes. -Me miro expectante. Como si conociera todo lo que estoy pasando con los Tantus y quisiera que me opusiera a eso-.

-De acuerdo, acepto hacer todo eso por sacar a Elizabeth de tu "amor oculto". -Dije haciendo comillas con los dedos a lo que el me fulmino con la mirada-.

-Bien, saldrán mañana a al amanecer. Ahora, fuera de mi vista.

Todos salimos de la sala del trono mientras hablábamos. Nuestra partida sería al amanecer pero nos quedamos la noche entera contando historias y riendo con los sucesos vividos por los demás. Además de contarle a Elizabeth todo lo que había sucedido en el pueblo y consolarla por la noticia de la muerte de sus padres. Fue doloroso ver su sufrimiento pero tenía que saber lo ocurrido y conocer los riesgos de su poder. Así nos pasamos la noche y al amanecer estábamos despiertos a punto de irnos.

-Joder, tengo muchas ganas de dormir ¿Como puedes estar como si nada hubiese pasado? -Dijo Zam mientras nos dirigimos a las afueras del Reino-.

-Muchas noches sin dormir y también insomnio, al final terminas acostumbrandote a no dormir a veces. -Dije burlandome de su situación mientras llegábamos a las afueras-.

-Buenos días. -Nos recibió Elizabeth tallando sus ojos y dando largos bostezos por el cansancio-.

-Muy bien, ahí tienen una carabana. Se irán en ella ocultos como viajeros cualquiera y harán paradas estratégicas en Glazed, en Nuzlocke y, por último, en Hanheld. Allí pasarán algunas noches para evitar sospechas y seguirán su camino hasta la tierra de los Ios. Eviten que los vean y no usen los poderes de los dioses. -El comandante de el ejército elfo nos señaló a los tres y prosiguió explicando-. Tienen dos meses para regresar aquí ya que es un largo camino. Ahora, largo. -Se dio la vuelta y se fue al Reino-.

Todos nos montamos en la caravana, cada uno con una capucha diferente. Zam prefirió una capucha roja, porque ese era el color de la que usaban los archimagos de Ymir y asi no lo molestarían, Elizabeth decidió usar una capucha verde, como la que usaban los mensajeros elfos y yo preferí una simple capucha negra, que era la más neutral. Y así como estábamos salimos en pos de el mandato de Zattos, ellos dos decidieron dormir durante el viaje y yo me límite a observar el repetitivo pero hermoso paisaje.

La historia de la tormentaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora