Me desperté un 24 de diciembre, un día de lo más normal. Me dirigí al comedor mientras veía como algunos pacientes recibían visitas de sus familiares. Me senté sola como era de costumbre, al fondo, mesa 38. No tenía hambre, solo ganas de llorar. Cogí mi manzana y le di un pequeño mordisco, realmente no me gusta nada pero dicen que no engorda. Al poco rato, Marta se sentó enfrente mía, cogió mi manzana y pronunció "con permiso".
No hubo más charla. Ni movimientos. Solo había tristeza en nuestro alrededor.
Sofía entró y me miró, sabía que no vendría hacia mi, acto seguido entraron sus padres y empezaron a hablar. No se por qué, pero vinieron los 3 hacia mi mesa. Noté como Marta se incomodaba, había tanta tensión en el ambiente.
- Feliz Navidad, Rebeca. Nos vemos después de Reyes - dijo Sofía mirándome.
- Igualmente - dije sería y seca.
- Espero que te lo pases muy bien cielo, y sobretodo que te traigan muchas cositas, ¡con lo buena que habrás sido! - Dijo la madre de Sofía. Reí por no llorar. Tenía el corazón en un puño, quería uir.
- Igualmente señora, usted también recibirá alguna cosilla, ¿no? Nos vemos.
Y se fueron todos. Ninguno habló o miró a mi compañera. Solo yo era consciente de todo el daño que le hacía esta situación.
- No merece la pena que te pongas así. No merecen nada de ti - Hablé por fin.
- ¿Eh? Ah... Ya... No me duele en absoluto, simplemente me molesta que no hayan sido capaces de mirarme. Pero bueno, una Navidad más en soledad.
- Me tienes a mi.
- ¿Por cuantas horas? No faltará mucho para que tus padres te vengan a recoger y te marches al igual que todos. Entonces volveré a estar sola en este triste hospital de mierda. Y te preguntarás por qué, pues que sepas que yo también me lo pregunto. Venga. Corre, vete, respira aire puro y engorda con tu familia. Adiós.
Esa Marta era la que odiaba.
Y me puse a llorar, muchísimo, no pude contener más las lágrimas. Entonces ella se giró y lloró también. Me abrazó y me prometió que todo iría mejor aún sabiendo que eso no era cierto. Ninguna de las dos sabía el motivo de los llantos de la otra, pero ahí estábamos, llorando en medio del comedor, en medio de todos los familiares, rotas y unidas un 24 de diciembre.
Y es que no hay nada más triste, a la par que humillante, que tus propios padres se olviden de ti en Navidad.
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Vivir como una gorda.
Roman pour Adolescents¿Qué pasaría si te ingresan en el hospital porque sí y acabas enferma de verdad? Los oscuros pensamientos y el día a día de una gorda. +70 kg -1'5 m
