Capítulo 10

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Maddie y Lukas se habían estado lanzando miradas durante toda la cena de noche buena. Eran esa clase de miradas que te hacen sonreír, suspirar, creer en algo.

Jamie lo había notado, Lily lo había notado, Louise lo había notado, Ash... él estaba en las nubes.

Le costaba un poco estar sentado en la mesa donde había desayunado tantas veces con Matt, la mesa en la que sirvió su primer pastel de carne, la mesa en la que volteó una copa de vino un viernes por la noche. Todos esos recuerdos lo estaban atormentando. No tenía sentido celebrar la navidad ahí si Matt no estaba, si Matt no iba a regresar.

- Quisiera hacer un brindis – anunció Maddie poniéndose de pie. Ella había estado viendo a Ash por un largo rato y supo que si no decía algo, aquella navidad sería la más triste para todos.

Jamie, Lily, Louise, Lukas y Ash le miraron en silencio.

- Matt siempre fue un niño desinteresado por los regalos – sonrió Maddie. – Recuerdo cuando cumplió los diez años y mi padre no pudo pagar por el pastel. Matt le dijo que no importaba, que no se trataba de eso, no se trataba de dinero, ni pasteles, ni regalos. Él solo quería un día en paz con su familia, sin discutir, sin miradas de odio, sin tensión durante la cena – Maddie se detuvo para tomar aire y espantar las lágrimas. – Desde entonces, todas las celebraciones fueron mucho más agradables. Y esta es mi primera navidad sin él. La primera del resto de mi vida sin él. Y aunque Matt no está aquí, puedo sentirlo. Puedo sentir su aroma en el sofá, y ver el gabinete roto en el baño de cuando cumplió diecinueve y llegó ebrio, se tropezó y lo rompió. Y cuando dan las seis creo que atravesará la entrada, comenzará a preparar la cena y nos reiremos de algún programa bobo en la televisión, y comeremos frituras después de medianoche, y a mitad de la madrugada se levantará al baño, chocará con la puerta medio dormido, beberá agua y volverá a la cama.

- Maddie – Louise la interrumpió, puesto que todos en la mesa habían comenzado a llorar. – No es necesario que sigas si...

- No. Quiero terminar – sonrió Maddie, con un par de lágrimas cayendo por sus mejillas. – Y no va a pasar. Matt no va a volver, sin embargo, me alegra que podamos cenar juntos, sin regalos, sin árbol, solo... nosotros, cenando, felices porque estamos aquí y porque significamos mucho para el otro; y eso es Matt. Eso queda de él. Nosotros – Maddie se secó las lágrimas y alzó su copa. – Quiero hacer un brindis por Matt, porque no estaríamos aquí reunidos si no fuera por él, porque no los habría conocido, y quizás habría pasado la navidad yo sola.

Todos alzaron sus copas, menos Ash, quien se puso de pie, rodeó la mesa sin dejar de llorar, y envolvió a Maddie entre sus brazos con fuerza.

- Perdón por lo que hice el otro día – sollozó él. – No debí tratarte así, no debí irme.

- Está bien...

- Soy tan afortunado de tenerte en mi vida – siguió Ashton, temblando de pies a cabeza. – Y tienes razón, Matt no está, pero estamos nosotros.

- ¡Ah, chicos! Me hacen llorar – Louise se puso de pie y se sumó al abrazo, logrando sacarle a todos una sonrisa triste, pero una sonrisa al fin y al cabo.

De pronto, la navidad había tomado todo un nuevo significado para cada uno de los presentes. De pronto, todo fue perfecto, al menos durante esa noche.

[...]

Ashton iba saliendo de su clase de cálculo cuando un grupo de chicos llamó su atención, y no, no de esa forma. Eran cuatro muchachos formando un círculo al final de un corredor desierto, algo en la postura de los tres a quienes podía ver completamente le hizo doler la cabeza.

Lightning | Libro #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora