Ha pasado una semana desde que salí del hospital, todo esto me ha dejado muy agotada, literalmente. Apenas me levanto para hacer pis y ya es como si corriera un maldito maratón, esto me esta matando.
- Eina, no puedes pasar. - le dice mi amiga por milésima vez, llevo un rato en el baño, pero quería bañarme sola, ya que Em nunca me dejaba sola, puse pestillo en la puerta, pero Eina quiere derribar la.
Salgo con cuidado del agua y me envuelvo en la toalla esponjosa, mi rostro esta mejor, al igual que los moratones, no han desaparecido del todo, pero ya están mejorando y mucho, por eso no dejaba que Eina me viera, cada vez se ponía peor.
- Ya salí, sigo viva y no tuve ningún accidente. - declaro en cuanto abro la puerta, mi amiga y Eina se giran a verme, parece que me fui siglos. - Me vestiré y después iremos a comer algo, ¿esta bien?
Recibo asentimientos de cabeza por parte de ambos y salen, me quedo secando mi cuerpo y bañándolo en crema, eso ayuda a la piel después de tantos golpes. De mi madre no hay ninguna señal de recuperación, el doctor me pidió que escoja.
Si vive días más o muere, pero es algo muy difícil, se que ella iba a morir, pero no de esta forma, no cuando aun la necesito a mi lado, no cuando todo comienza a fluir de forma tranquila, no cuando soy feliz. Pero no tengo opción, ya lo decidí.
Me puse unos jeans, una polera blanca de tirantes, mis Converse y una sudadera de Eina, bajo las escaleras con el animo decaído, pude quedarme en mi departamento, pues era mejor así, aquí tengo de todo.
- Tengo hambre... - se queja Mike desde mi sofá, sip. Los chicos se han quedado aquí desde que salí. Eina en mi cuarto, en mi cama o en el piso, depende de si cree que me lastima o no. - Oh, hola Luna.
- Mike, prácticamente vives aquí. - le recuerdo y le saco la lengua, se ríe como foca. - También tengo hambre, ¿que preparo? - me giro y me encuentro con los brazos de Eina, me da un dulce beso y sonrió como tonta. - Hola...
- Hola, princesa. - me dice dándome otro beso, escuchamos un puaj y vemos a Mike con algo quemado en un plato. - Ya volviste a quemar la comida. - le recrimina Eina y los miro raro. - Mike es un asco en la cocina.
- Yo preparare algo, ¿de acuerdo? - todos asienten y Em se sienta a ver un poco de tele, la miro mal, bueno no me quejo, es como mi hermana. - Eina, ¿quisieras ayudarme? - lo miro con una carita de niña y asiente contento.
Cuando terminamos de preparar unas tostadas y unos pumcakes, solo para Mike y Eina, comimos entre risas y ciertamente alguno que otro malestar por mi cuerpo, pero de ahí en adelante todo fue mejor, olvide todo por unos momentos.
Era feliz, a pesar de estar encerrada entre toda la tristeza que me rodeaba desde hace apenas unos años atrás, cuando todo, absolutamente todo, cambio por una pequeña mentira que fue creciendo y creciendo hasta caerse encima de mi y mi familia.
Eina propone ir al cine, pero yo estoy agotada y como tengo que ir al hospital, solo les digo que saldré un par de minutos. Con cuidado y mucha lentitud logro subir al auto, enciendo la radio y casualmente salen canciones tristes.
Con cuidado avanzo por las calles, al parecer hay un buen día, se acerca Navidad y no creo que sea por mucho que le clima esta calentito, en pocos días comenzará el frío horrible y mi cuerpo esta para la mierda, perfecta combinación.
Llego al hospital con el animo por el suelo, si no lo he mencionado hoy es el cumpleaños número 40 de mi madre, sip. Es joven, pero eso no le impidió criarme como nunca, era mi mejor amiga, mi hermana y mi madre. Era todo para mi.
Entro en busca del doctor Welch, es nuevo, acaba de atenderla el año pasado, pero es el mejor me ha ayudado, siempre estaba atento de mi para todo, por eso ahora el será el que acabe con el sufrimiento de mi madre.
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Todo de mi...
Ficção AdolescenteFiesta, Alcohol y Sexo. Mala idea... ¿Que pasa cuando conoces la verdadera personalidad de quien creías conocer? Descubre la historia de Luna y Emma... Siguenos...
